Libros de cocina en Fuerteventura: Salud, memoria y el secreto del bienestar majorero
El arte de comerse la isla sin culpa: cuando la tradición majorera abraza la nueva cocina ligera
Estamos en enero de 2026, en Fuerteventura, y el viento alisio sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: limpiar el cielo y afilar el apetito. Hoy, sentarse a la mesa en esta isla ya no es solo un acto de supervivencia calórica como lo fue para nuestros abuelos, sino una decisión estética y de salud. Miramos el plato con la nostalgia del sabor de siempre, pero con la calculadora nutricional de quien quiere vivir cien años.
Hay algo profundamente conmovedor en sostener un libro de cocina viejo. No me refiero a una tablet manchada de aceite, sino al papel, ese material casi vintage que todavía resiste en las cocinas de Puerto del Rosario o Betancuria. Al abrirlo, el olor a tinta se mezcla con el recuerdo fantasma de un estofado de cabra cocinado a fuego lento hace décadas. Sin embargo, aquí estamos, lidiando con una paradoja moderna: amamos el sabor de la memoria, pero nuestros cuerpos sedentarios del siglo XXI nos piden una tregua.
Durante las últimas semanas, he estado obsesionado con una idea que flota en el aire de la isla: ¿Es posible mantener la identidad culinaria de Fuerteventura —ruda, sabrosa, nacida de la escasez— y al mismo tiempo abrazar los cánones de la vida saludable que imperan ahora? La respuesta no está en una app de contar calorías, sino en las estanterías de las librerías locales y en los centros culturales de los pueblos.
La búsqueda de la «salud» en la gastronomía canaria a menudo se malinterpreta como una renuncia. Se piensa que para comer sano hay que abandonar el potaje y pasarse al smoothie verde. Nada más lejos de la realidad. Lo que he encontrado rastreando textos y hablando con gente que vive entre fogones es un movimiento silencioso pero potente: la reforma estructural de la tradición. No se trata de cambiar el ingrediente, sino de actualizar el método.
La consolidación de nuevas propuestas gastronómicas saludables en Fuerteventura
El puente necesario: Rosa Ventura y la ingeniería del sabor
Si tuviera que elegir un manual de instrucciones para este viaje, un libro que actúe como traductor entre el pasado glorioso y el presente fitness, ese sería sin duda «Receteando la cocina canaria». No es un libro exclusivo de Fuerteventura, pero es la llave maestra para entender cómo cocinar en la isla hoy en día.
Lo que hace Rosa Ventura (conocida en el entorno digital como La Palmera Rosa) es fascinante. Su libro funciona como un artefacto de transición. Imaginen que toman la libreta de su abuela, esa llena de manchas de grasa y anotaciones al margen, y la pasan por un filtro de optimización nutricional. El resultado es un volumen contundente, editado por Círculo Rojo, que se siente sólido en las manos.
La premisa de Ventura es la que muchos buscamos: llevar la cocina tradicional a un terreno más amable con nuestras arterias. Menos grasas saturadas, control del azúcar, cocciones que respetan más la materia prima y menos la fritura profunda. Cuando hojeas sus 280 páginas, no ves «dieta», ves comida de verdad. Es el tipo de libro que, por unos 22,95 €, te permite invitar a cenar a tus amigos peninsulares y servirles un plato canario sin que terminen la noche pidiendo un antiácido. Es la validación técnica de que nuestra cocina no tiene por qué ser pesada para ser auténtica.

La memoria viva: Mary Carmen y el alma de Puerto del Rosario
Pero si Rosa Ventura nos da la técnica, Fuerteventura nos da el alma. Y el alma aquí tiene nombres y apellidos. Caminando por Puerto del Rosario, uno se da cuenta de que la verdadera literatura gastronómica de la isla no siempre está en los escaparates de las grandes superficies, sino en el tejido social.
El hallazgo más puro de esta identidad es «La cocina majorera de Mary Carmen». Este no es un libro que uno compra con un clic distraído; es un libro que se busca, que se persigue. Escrito por Mary Carmen Barrios de la Cruz y publicado bajo el paraguas del Ayuntamiento de Puerto del Rosario allá por 2020, este texto de 87 páginas es un testimonio de resistencia.
Lo interesante aquí, desde mi perspectiva de cronista que intenta unir puntos, es el contexto. Mary Carmen no escribió esto para ganar estrellas Michelin ni para posicionarse en listas de bestsellers. Lo hizo para preservar. Y curiosamente, en esa preservación hay una lección de salud implícita: la comida casera y nutritiva. Cuando Mary Carmen habla de sus recetas, habla de alimentar a familias, de platos que sostienen el día.
Además, este libro tiene una carga ética que le da un sabor diferente: suele estar ligado a iniciativas solidarias, con recaudaciones destinadas a la Asociación Española Contra el Cáncer en Fuerteventura. Comprarlo no es solo adquirir un recetario; es participar en la comunidad. No lo van a encontrar con facilidad en Amazon, y eso me encanta. Tienen que ir a la isla, preguntar en el circuito local, quizás acercarse a la sede de la asociación o estar atentos a las presentaciones municipales. Es un libro que requiere presencia física, un lujo analógico en 2026.
Micro-territorios: Betancuria y Tefía
Si hacemos un zoom aún más profundo, la isla se fragmenta en sabores municipales. Fuerteventura no es un monolito; lo que se come en la costa no es idéntico a lo que se cocina en el interior árido.
En Betancuria, la villa histórica, el proyecto «Sabores y Saberes» me parece una joya etnográfica. Se presenta como una «memoria viva». Aquí la salud no viene dada por la reducción de calorías, sino por la calidad del origen. Saber de dónde viene el queso, qué hierbas se usaron para el guiso, cómo se aprovechaba todo sin desperdicio. Esa filosofía de «cero desperdicio» que ahora nos venden como futurista, en Betancuria se llama «lo que se ha hecho toda la vida».
Y luego está el eco de Tefía. He oído hablar de un recetario vinculado a una cocinera local, María del Carmen, y al paisaje agrícola de esta zona. Tefía ha sido históricamente una despensa de la isla. Sus recetas nos hablan de lo que la tierra seca es capaz de dar si se la trata con respeto. Convertir estos platos tradicionales en propuestas saludables para 2026 es el reto más estimulante que puede tener un cocinero aficionado hoy en día.
La clave está en la técnica. Esas recetas de Tefía o Betancuria, ricas en cabra, legumbres y grano, son la base perfecta para el batch cooking (cocinar por lotes) que tanto nos obsesiona ahora. El truco no es cambiar la receta, sino cambiar la herramienta: usar el horno en lugar de la sartén, desgrasar los caldos en frío (una técnica sencilla que elimina la capa de grasa saturada sin perder sabor) y aumentar la proporción vegetal que, seamos honestos, en la isla a veces se nos olvida reivindicar más allá de la papa.
El comodín inesperado: La guía de 1 euro
A veces, para entender lo local, hay que mirar lo global (o al menos lo regional). En mi búsqueda de herramientas para una vida sana en la isla, me topé con algo que, aunque no lleva la etiqueta «Fuerteventura» en la portada, se ha convertido en mi marco metodológico favorito.
Hablo de los recursos educativos del Gobierno de Canarias y esa joya impulsada por el Ministerio de Consumo: un recetario descargable (y gratuito) de 40 recetas «rápidas, sencillas, baratas y saludables». La promesa es audaz: platos por 1 o 2 euros.
¿Por qué incluyo esto en una crónica sobre Fuerteventura? Porque es el esqueleto perfecto para aplicar el producto local. Imaginen tomar la estructura de una de esas recetas saludables y baratas, pero sustituyendo la proteína genérica por pescado de bajura capturado en Corralejo o Morro Jable. O usar el queso majorero (con moderación, sí, es posible) para dar sabor a una crema de verduras low cost. Este recurso actúa como un «software» moderno que podemos instalar en el «hardware» tradicional de la isla. Es la fusión perfecta entre la eficiencia económica de 2026 y la riqueza de la despensa majorera.
La cocina del futuro es el pasado bien gestionado
Mirando hacia el horizonte, hacia 2030, la tendencia editorial y gastronómica en Canarias es clara. Ya no nos vale solo con que esté rico; tiene que hacernos sentir bien.
La oportunidad que veo para cualquiera que visite o viva en Fuerteventura es aprovechar este choque fértil entre el recetario de memoria (Mary Carmen, Betancuria) y la cocina optimizada (Rosa Ventura, guías de salud). Es un estilo de vida que combina lo retro y lo futurista.
Piensen en ello: comprar un queso artesano a un productor local (gesto retro), cocinar un potaje siguiendo las instrucciones de la abuela pero con los tiempos de cocción y las proporciones de verdura ajustadas por la ciencia nutricional actual (gesto futurista).
La salud en Fuerteventura no viene en polvo ni en barritas energéticas. Viene en forma de viejas, de cabra, de papas y de gofio, pero gestionados con la inteligencia de quien sabe que el cuerpo es el único lugar donde vamos a vivir siempre. Los libros están ahí, esperando a que alguien los abra y se atreva a reescribir el final de la receta.
Preguntas frecuentes desde la cocina (FAQ)
¿Es realmente saludable la carne de cabra, tan típica en Fuerteventura? Sorprendentemente, sí. La carne de cabra es magra, con menos colesterol y grasas saturadas que la ternera o el cerdo, y muy rica en hierro. El «problema» histórico no es la carne, sino la cantidad de aceite y acompañamientos que le poníamos. Cocinada al horno o estofada con muchas verduras, es un superalimento local.
¿Dónde puedo conseguir el libro de «La cocina majorera de Mary Carmen»? Olvida las grandes webs. Tu mejor apuesta es el circuito físico en Puerto del Rosario: pregunta en el Ayuntamiento, en librerías locales de la capital o contacta con la delegación de la Asociación Española Contra el Cáncer en la isla. Es una compra que requiere investigación de campo.
¿Sirve el libro de Rosa Ventura si soy principiante? Absolutamente. Receteando la cocina canaria está diseñado con una mentalidad pedagógica actual. No da por hecho que sabes limpiar un pescado o «asustar» unas papas. Es el puente ideal si quieres sabor canario pero tu nivel de cocina es «supervivencia».
¿Cómo hago «saludable» un plato tradicional majorero sin destrozarlo? Aplica la regla del 3:1. Tres partes de vegetales/legumbres por una de proteína/hidrato denso. Y cambia la técnica: todo lo que antes freías, prueba a hacerlo al horno o en freidora de aire (si quieres ponerte muy 2026). El sabor reside en las especias y el producto, no en el exceso de aceite.
¿Qué hago si no encuentro los libros locales físicos? Acude a la biblioteca pública. Las bibliotecas de Fuerteventura suelen guardar estos tesoros locales como oro en paño. Además, los bibliotecarios son a menudo la mejor fuente de información sobre recetas y autores locales que no aparecen en Google.
Reflexión final
¿Estamos dispuestos a dedicar tiempo a buscar estos libros perdidos para recuperar una salud que creíamos olvidada? ¿O dejaremos que la comodidad de lo ultraprocesado borre para siempre el sabor de un potaje majorero bien hecho?
By Johnny Zuri Editor de revistas y cazador de tendencias que conectan lugares con personas. Contacto: direccion@zurired.es Más historias: https://zurired.es/publicidad-y-posts-patrocinados-en-nuestra-red-de-revistas/