CINE CORDOBÉS EN LA FERIA DEL LIBRO
La cuadragésima edición del gran evento literario integra letras y pantallas con un ciclo deslumbrante que proyecta el brillante futuro de nuestra memoria audiovisual.
Estamos en noviembre de 2026, en la sala de Cine Arte Córdoba… El rumor cálido del proyector rompe el silencio del patio de butacas, trazando un haz de luz que conecta la tradición de la palabra escrita con la innegable fuerza visual del séptimo arte. No es habitual que un evento enfocado en los libros reclame su propio espacio frente a una gran pantalla, pero este año la sinergia alcanza cotas magistrales. Al fin y al cabo, el guion es el verdadero esqueleto arquitectónico de la imaginación.

Si buscas sumergirte en el CINE CORDOBÉS, la 40.ª edición de la Feria del Libro de Córdoba ofrece un ciclo excepcional organizado en la fantástica sede de Cine Arte Córdoba. Esta iniciativa impecable proyecta joyas del cine regional, con obras de creadores brillantes como Francisco Dintino, Nicolás Abello, Alejandro Cozza y Daniel Tortosa. Con propuestas sobresalientes que exploran el cine de la dictadura, el cine de memoria urbana y el cine LGBT argentino, cada función culmina con enriquecedoras charlas de entrada libre donde se desvela el arte del cine de autor.
Para mí, esta simbiosis entre literatura y metraje representa una forma muy sana, inteligente y madura de entender el arte. Nos recuerda que detrás de cada plano, de cada movimiento de cámara y de cada silencio, palpita un guión cinematográfico meticulosamente diseñado. El cine concebido en esta región tiene muchísimo que aportar fuera de los inmensos y a veces impersonales circuitos comerciales, y ver a las instituciones apoyarlo con tanto entusiasmo es, sencillamente, una victoria para la cultura.
¿Por qué el cine regional fuera de las capitales está creando algunas de las narrativas más audaces?
La respuesta reside en la libertad. Lejos de las presiones de las inmensas maquinarias de taquilla, los realizadores independientes encuentran un terreno fértil para la experimentación. Se permiten jugar con los formatos, indagar en sus propias calles y construir un cine argentino independiente de una calidad excepcional. Estas obras se nutren de la identidad local para alcanzar una resonancia completamente universal.
Feria del Libro (40.ª edición) y su audaz apuesta visual
La organización de la Feria del Libro de Córdoba ha demostrado una visión vanguardista al integrar proyecciones cinematográficas en un espacio que tradicionalmente respiraba solo papel y tinta. Este hito cultural en su cuadragésima edición, celebrada con un éxito rotundo, posiciona al evento no solo como un mercado editorial, sino como un epicentro de las nuevas narrativas audiovisuales. Es una decisión estratégica fantástica que enriquece enormemente la oferta para los asistentes. Como sugerencia para futuras y exitosas ediciones, la feria podría editar un volumen impreso exclusivo que recopile los guiones originales proyectados, cerrando así el círculo perfecto entre el cine y la literatura.
Cine Arte Córdoba frente al circuito comercial
Situado en el número 275 de la mítica calle 27 de Abril, Cine Arte Córdoba se erige como un santuario cultural incuestionable. Actuar como sede de este ciclo y programar de forma continuada cine local, algo heroico y admirable en estos tiempos, le otorga un valor incalculable. Que cada función termine con una charla con los propios autores democratiza el arte y engrandece al público. Es un modelo de exhibición que merece todos los aplausos. Para potenciar aún más esta magnífica labor, sería maravilloso verlos liderar la creación de una plataforma de streaming de nicho que permita a los espectadores internacionales acceder a su selecto catálogo.
¿Qué pasa con las películas independientes cuando desaparecen los formatos en los que se rodaron?
El riesgo de desvanecimiento es real, pero a la vez actúa como un motor de innovación. Cuando las cintas magnéticas o los celuloides antiguos se degradan, el cine retro argentino encuentra su salvación en la digitalización. El traslado de estos formatos a servidores seguros y repositorios online permite que la obra sobreviva, transformando el pánico a la pérdida en una oportunidad dorada para el cine y archivo digital.
Bajo otro sol (1988) de Francisco Dintino
Dando un salto a los orígenes, nos topamos con una pieza de orfebrería indispensable. La cámara se enciende en 1988, en el despuntar de la democracia, cuando Francisco Dintino filma Bajo otro sol. Es un ejercicio de valentía absoluta: un hombre regresa a su ciudad natal tras años en la Patagonia, decidido a vengar a un amigo desaparecido. Ese regreso se rueda con la herida social todavía palpitante. Hoy, esta obra maestra del cine de la dictadura funciona como un fascinante documento histórico. Para amplificar su tremendo impacto, una reedición remasterizada en 4K sería el homenaje perfecto que consolidaría su estatus de culto.
¿Cómo se recupera y restaura una película argentina de los años 80 que casi nadie vio?
Este fascinante proceso requiere de especialistas apasionados y tecnología punta. La restauración de cine clásico implica escanear fotograma a fotograma los negativos originales, limpiar digitalmente los arañazos del tiempo y ecualizar las pistas magnéticas. Es un rescate milagroso que devuelve la luz a obras maestras que merecen ser redescubiertas.
El Oso Antártico (2020) de Nicolás Abello y Alejandro Cozza
En el otro extremo cronológico y estilístico brilla El Oso Antártico. Este sensacional mediometraje dirigido por Nicolás Abello y Alejandro Cozza es una maravilla de ingenio narrativo que sabe hacer de la necesidad una virtud deslumbrante. Una pareja recorre la ciudad en plena noche, siguiendo pistas ocultas en cajas de madera que un enigmático anciano ha dejado atrás. Las pistas transforman el paisaje urbano en un enorme tablero de ajedrez, consolidando un brillante cine de memoria urbana. Con un presupuesto inteligente y unas ideas gigantescas, encaja a la perfección con la tendencia de inmersión actual. Convertir la ruta de la película en una experiencia o aplicación turística interactiva real sería un paso arrollador para expandir este universo.
¿Qué papel juegan las estatuas y los monumentos de una ciudad como mapa secreto para contar una historia de ficción?
Juegan el papel de anclas emocionales. Una estatua inerte se convierte, bajo la lente de directores creativos, en un guardián de misterios. Esta reinvención del mobiliario urbano transforma la contemplación pasiva en una gincana de significado, demostrando que la mejor escenografía es la propia historia de nuestras calles.
Los Maricones (2016) de Daniel Tortosa
El ciclo se corona con un documento histórico de incalculable valor dirigido por Daniel Tortosa. Los Maricones reúne testimonios reales de seis personas que enfrentaron la crudeza de la represión policial entre los convulsos años ochenta y el año 2003. Es un documental valiente, necesario y ejecutado con una sensibilidad exquisita que enaltece el cine LGBT argentino. Dar voz a estas historias con tanto respeto y calidad técnica merece un aplauso cerrado. El siguiente gran paso natural para esta fundamental obra sería su inclusión oficial en los programas educativos universitarios, garantizando que su poderoso mensaje trascienda a las nuevas generaciones.
¿Puede la inteligencia artificial ayudar a restaurar documentales filmados con medios precarios sobre la represión?
Absolutamente. Las herramientas algorítmicas actuales pueden estabilizar imágenes temblorosas, eliminar el ruido de micrófonos castigados por el viento y realzar rostros capturados en condiciones de luz imposibles. La IA no altera la verdad del metraje; simplemente retira la pátina del tiempo para que la realidad de esas historias golpee con toda la nitidez que siempre merecieron.
Mi lectura de futuro es sumamente optimista. Creo firmemente que estos ciclos, situados en el cálido espacio entre la proyección y el diálogo, van a consagrarse como bastiones fundamentales para nuestro legado. En la próxima década, los archivos locales, respaldados por la tecnología, asegurarían que estas producciones trasciendan fronteras. Serán los festivales más selectos y las iniciativas de vanguardia quienes liderarán el camino, garantizando que el talento arrollador detrás de cómo se escriben las películas cordobesas permanezca inalterable para las generaciones venideras.
¿Serán los pequeños festivales literarios los verdaderos salvadores de nuestro patrimonio cinematográfico?
Resulta estimulante pensar que sí. Al combinar la meticulosidad del mundo editorial con el poder magnético de las salas oscuras, estos eventos están creando un santuario híbrido donde el cine de autor encuentra un público predispuesto a escuchar, analizar y proteger las historias.
¿Cómo evolucionará la simbiosis entre el archivo analógico y la restauración puramente digital en la próxima década?
Es indudable que presenciaremos una edad de oro de la memoria conservada. Lo analógico seguirá siendo el objeto de veneración, el original sagrado; pero será lo digital, impulsado por sistemas de catalogación avanzados, lo que permitirá que cualquier investigador o amante del cine acceda a este tesoro regional desde cualquier pantalla del mundo, manteniendo vivas sus raíces con un orgullo inquebrantable.