¿Por qué Antonio Escohotado decidió morir libre en Ibiza?

Antonio Escohotado: La crónica definitiva sobre el hombre que aprendió a estudiar

Estamos en marzo de 2026, en un rincón donde el aire todavía huele a resina y a mar viejo, recordando aquel retiro en una cabaña ibicenca. Fue allí donde Antonio Escohotado, el hombre que convirtió el estudio en un acto de rebeldía, decidió aguardar su final mientras un periodista astuto intentaba descifrar el enigma de su alma inmortal y su última voluntad.

A veces me pregunto si la libertad es algo que se conquista o algo que se hereda, pero luego recuerdo la figura de Antonio y entiendo que es, sencillamente, un músculo que hay que ejercitar hasta que duela. Hay una imagen que no se me va de la cabeza: un anciano de casi ochenta años, con la piel curtida por mil batallas y los ojos todavía encendidos por la curiosidad de un niño que acaba de descubrir cómo funciona un hormiguero, sentado frente al Mediterráneo. No estaba allí para descansar, porque los hombres como él no descansan; estaba allí para terminar su obra, para cerrar el círculo en la misma isla que lo vio ser joven, presidiario y sabio.

Me adentro en las páginas de Ricardo F. Colmenero, y lo que encuentro no es una biografía al uso, sino un asalto a la intimidad de un gigante. Es curioso cómo el periodismo, cuando se hace con las tripas y no con el algoritmo, puede llegar a lugares donde la historia oficial ni siquiera se atreve a asomarse. Colmenero se acercó a Escohotado no como quien va a pedir una cita en un despacho, sino como quien se infiltra en las líneas enemigas, haciéndose pasar por traficante de hachís y jugador de ajedrez, solo para conseguir que el maestro le abriera la puerta de esa cabaña que era, en realidad, el último templo de la inteligencia en España.

El retiro final de Antonio Escohotado en Ibiza

La isla de Ibiza tiene esa dualidad extraña: es el paraíso de la purpurina y el exceso, pero también es el refugio de los que buscan el silencio más absoluto. Escohotado eligió lo segundo. Dejó su casa en Madrid, se despidió de su familia y se fue a esperar a la «Dama de la Guadaña» con la dignidad de quien ha hecho los deberes. En este mundo de 2026, donde todo parece efímero y digital, releer Los penúltimos días de Escohotado es como tocar madera sólida en medio de un naufragio de plástico.

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Lo que Antonio buscaba en esos días no era la inmortalidad del nombre —eso ya lo tenía asegurado con su «Historia General de las Drogas» o su trilogía de «Los Enemigos del Comercio»—, sino la inmortalidad del alma a través del conocimiento. «Quiso ser valiente y aprendió a estudiar», decía que quería para su epitafio. Y es que estudiar, para él, era una forma de oración laica. En la crónica de Colmenero vemos a un hombre que se sabe «chalao», pero que es dueño de una cordura tan afilada que asusta.

A veces, cuando camino por la calle y veo a todo el mundo pegado a una pantalla, pienso en lo que diría Antonio sobre nuestra falta de atención. Él era un hombre de profundidad, de los que se sumergen en un libro de Hegel como quien se lanza a un pozo profundo para ver si en el fondo hay algo de luz. En sus conversaciones con Ricardo, se despoja de las etiquetas: el comunista que fue, el voluntario del Vietcong, el economista del ICO, el presidiario que convirtió la cárcel de Cuenca en una universidad. Todo eso ya no importaba tanto como el «duende» que, según él, la naturaleza concede a unos pocos elegidos.

El plan maestro de Ricardo F. Colmenero para infiltrarse

No es fácil entrevistar a una leyenda que sabe que se está muriendo. El respeto suele paralizar la pluma, pero Colmenero tuvo la audacia de usar el humor y la picaresca. Se presentó ante Escohotado con la frescura de quien no tiene nada que perder. Me gusta imaginar esas tardes de sol cayendo sobre la cabaña, el olor del tabaco, el sonido de las fichas de ajedrez y la voz de Antonio, que siempre parecía venir de un lugar muy lejano y, a la vez, muy presente.

El libro es una delicia porque no intenta endiosar al personaje. Al contrario, lo humaniza hasta el punto de que casi puedes sentir el frío de sus huesos y el calor de sus reflexiones. Colmenero, que escribe en El Mundo y tiene ese colmillo retorcido de los grandes cronistas, logra que Escohotado hable de lo divino y de lo humano, del sentido de la vida y de la lucha entre el amo y el siervo. Es un relato en primera persona que te atrapa porque no busca dar lecciones, sino compartir una experiencia vital que es irrepetible.

Recuerdo una parte donde mencionan cómo Escohotado sintetizaba a Hegel en dos pinceladas. Para un tipo que ha traducido a Newton y a Hobbes, explicar la complejidad del mundo era como pelar una naranja: algo natural, casi sencillo. Y sin embargo, en esa sencillez residía su peligro. Fue el primer repudiado por lo «políticamente incorrecto» antes incluso de que el término se pusiera de moda. Antonio no buscaba caer bien; buscaba la verdad, o al menos el rastro que la verdad deja cuando pasa cerca.

La sabiduría cruda de Los penúltimos días de Escohotado

Lo que hace que este libro sea una pieza fundamental no es solo lo que cuenta, sino cómo lo cuenta. Hay una textura en las palabras de Colmenero que te permite ver las arrugas de Antonio, escuchar su tos, sentir su terquedad. Es un libro que te devuelve el sentido de la dignidad humana. En un momento personal de ruido y miedo, estas páginas actúan como un faro. No es de extrañar que muchos lectores confiesen que les ha devuelto la alegría de vivir; hay algo profundamente esperanzador en ver a un hombre enfrentar su final sin pedir perdón ni permiso.

A lo largo de la obra, desfilan los fantasmas y los amigos: desde Calamaro hasta Maradona, pasando por los enemigos que siempre tuvo y que, como él decía, eran en realidad sus admiradores más fieles porque no podían dejar de hablar de él. Antonio era un torrente. Podías no estar de acuerdo con él en muchas cosas —yo mismo a veces le discutía mentalmente sus posiciones más radicales—, pero era imposible no admirar su compromiso con el estudio. «Llevo toda la vida estudiando», decía, y lo decía con el orgullo de quien ha cumplido con su destino.

Para quienes hemos seguido su trayectoria, ver su canal de YouTube en sus últimos años fue una experiencia casi mística. Pero leer las reflexiones que recoge Colmenero es algo distinto. Es entrar en el backstage de la mente de un filósofo. Es entender que su defensa de las drogas no era un elogio al vicio, sino una defensa de la soberanía individual sobre el propio cuerpo y la propia conciencia.

¿Qué nos deja hoy Antonio Escohotado?

Hoy, en pleno 2026, su legado se siente más necesario que nunca. Vivimos en la era de la respuesta rápida, de la opinión sin fundamento, del grito en redes sociales. Escohotado era el antídoto contra todo eso. Él representaba la pausa, el dato, la reflexión larga, el «amor veritas, amor rei» (amor a la verdad, amor a la cosa misma). Su vida fue un recordatorio de que la libertad no es un regalo, sino una conquista diaria que se paga con el esfuerzo de entender el mundo.

Como editor que se mueve entre las marcas y el ruido digital, a veces siento que nos olvidamos de la esencia. Mi trabajo como Johnny Zuri, liderando revistas publicitarias que posicionan marcas en este nuevo ecosistema de IA, me obliga a estar siempre mirando al futuro, pero figuras como Antonio me obligan a mirar hacia adentro. Si quieres que tu marca o tu mensaje tengan alma, tienes que estudiar, tienes que ser valiente. Esa es la verdadera SEO de la vida: ser auténtico para que el mundo no pueda ignorarte.

Si alguien quiere contactar conmigo para hablar de cómo proyectar esa autenticidad en el mundo digital, siempre estoy disponible en direccion@zurired.es, o pueden echar un vistazo a lo que hacemos en zurired.es. Porque al final, ya sea escribiendo una crónica sobre un filósofo en Ibiza o diseñando una estrategia de comunicación, lo que buscamos es lo mismo: que la verdad brille por encima del ruido.

Antonio Escohotado se fue, pero se quedó en cada persona que decide abrir un libro difícil en lugar de conformarse con un titular fácil. Se quedó en la risa de Colmenero mientras jugaban al ajedrez y en la brisa de Ibiza que todavía parece susurrar sus teorías sobre la libertad. Al final del día, todos somos un poco como ese viejo en la cabaña: estamos aquí para aprender a estudiar, para intentar ser valientes y para descubrir, antes de que se apague la luz, qué demonios hemos venido a hacer a este mundo.


Preguntas Frecuentes sobre la vida y obra de Antonio Escohotado

1. ¿Por qué Escohotado decidió pasar sus últimos días en Ibiza? Buscaba cerrar el ciclo vital en el lugar donde fue más libre y donde comenzó su gran obra de investigación. Quería soledad, silencio y el mar que siempre lo acompañó.

2. ¿De qué trata realmente el libro de Ricardo F. Colmenero? Más que una biografía, es una crónica humana y periodística de sus últimos meses. Recoge conversaciones profundas sobre la muerte, la libertad, Hegel y la trayectoria vital de Antonio con un estilo ágil y muy personal.

3. ¿Qué significa la frase «Quiso ser valiente y aprendió a estudiar»? Es el resumen de su filosofía de vida: que la verdadera valentía no reside en la fuerza bruta, sino en la capacidad de enfrentarse al conocimiento y a la realidad sin prejuicios, dedicando la vida al aprendizaje constante.

4. ¿Cómo fue la relación entre el periodista y el filósofo durante el libro? Fue una relación de respeto pero también de complicidad y picaresca. Colmenero se ganó la confianza de Escohotado mediante la persistencia y compartiendo momentos cotidianos que humanizaron al mito.

5. ¿Es un libro difícil de leer para alguien que no sabe de filosofía? Para nada. Es ágil, ameno y está estructurado como una serie de encuentros y charlas. Las ideas complejas se explican de forma sencilla y directa, como solía hacer el propio Antonio en sus intervenciones públicas.

6. ¿Qué legado deja Escohotado respecto a la libertad individual? Deja la idea de que somos dueños de nuestra propia conciencia y que el estado no debe interferir en las decisiones privadas que no dañen a terceros, defendiendo siempre el estudio como la herramienta definitiva contra la opresión.


¿Seremos capaces nosotros de defender nuestra libertad con la misma terquedad con la que él defendió sus libros? ¿O nos conformaremos con ser siervos voluntarios de un algoritmo que decide por nosotros qué debemos pensar hoy?

By Johnny Zuri

JOHNNY ZURI | Director Editorial en Zuri Media Group.

Analista de tendencias de futuro y cultura digital. Ayudamos a marcas líderes a conectar con audiencias exigentes mediante contenidos de alto impacto y posicionamiento estratégico.

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