TEORÍA DE CUERDAS – Roger Penrose
A sus noventa y tantos años, el Nobel que redefinió los agujeros negros sigue disparando contra la elegancia matemática, la fe ciega y las cosmologías fantásticas en un desafío intelectual impredecible.

Estamos en noviembre de 2026, en un despacho del Instituto Matemático de Oxford, rodeados de pizarras atestadas de ecuaciones y de dibujos trazados a mano con meticulosidad. Allí, un hombre nonagenario se mantiene firme en su trinchera intelectual, defendiendo contra viento y marea que la física contemporánea se ha dejado seducir de manera irresponsable por la mera elegancia.
El físico británico Roger Penrose, galardonado con el Premio Nobel de Física en 2020 por la Real Academia Sueca de Ciencias gracias a su demostración matemática de 1965 sobre la formación ineludible de agujeros negros en la relatividad general de Albert Einstein, lidera hoy una disidencia. Desde el Instituto Matemático de Oxford en Reino Unido —y avalado por su doctorado en Cambridge de 1957—, el pensador desafía a la teoría de cuerdas en su libro editado por Princeton University Press en 2016.
Mi lectura de este escenario es rotunda. La publicación de Fashion, Faith and Fantasy in the New Physics of the Universe vale muchísimo más por la pregunta incómoda que formula que por las respuestas definitivas que pueda ofrecer. Roger Penrose, en el siempre hermético campo de la física moderna, juega a algo heroico y hoy poco frecuente: señala exactamente dónde fallan las modas dominantes y tiene la osadía de poner sus propias ideas a la intemperie, allí donde un experimento implacable puede tumbarlas sin piedad.
Me fascina este profundo respeto por el rigor clásico. Vivimos en una época de gregarismo académico, donde apartarse del consenso parece un pecado profesional. Pero el británico nos recuerda una tradición basada en el mérito estricto y en la prueba empírica. El crítico John Walker, en una extensa reseña publicada en el portal independiente Fourmilab, capta a la perfección esta actitud: el autor propone hipótesis teóricas que, aunque puedan estar equivocadas, se pueden contrastar en un futuro previsible. Si el experimento las contradice, se descartan. Esa es la esencia de la ciencia real.
El diagnóstico de Roger Penrose frente a la teoría de cuerdas
¿Qué critica Roger Penrose de la teoría de cuerdas?
La monumental crítica a la teoría de cuerdas que plantea el matemático no se limita a repetir el reproche habitual sobre su alarmante falta de predicciones contrastables. Su ataque va directamente a la línea de flotación matemática. Según el análisis recogido por Walker, el problema central reside en un fallo estructural ineludible: las dimensiones extra aumentan de tal manera la libertad funcional que todo el andamiaje se vuelve intrínsecamente inestable.
Frente a este dardo, los defensores del paradigma dominante responden con justificaciones matemáticas y ajustes técnicos que Penrose, con su característica ironía implacable, desecha sin miramientos como el mero acto de «agitar las manos» ante la falta de solidez. No hay un veredicto definitivo ni un tribunal unánime que haya cerrado el caso; el debate sigue abierto en canal. A sus años, habiendo nacido en Colchester en 1931, el veterano científico advierte del peligro de convertir una rama entera del saber en una intocable moda académica.
Cosmología cíclica conforme de Roger Penrose
¿En qué consiste la cosmología cíclica conforme?
Esta propuesta radical sostiene que el icónico Big Bang no representa un comienzo absoluto de los tiempos, sino apenas una frontera geométrica, una zona de transición suave entre lo que él denomina «aeones». Apoyándose en un elegante argumento matemático desarrollado por el experto Paul Tod, el marco teórico trata ese estallido inicial como una superficie a través de la cual cabe extender el espaciotiempo hacia el pasado. Es la reformulación de un universo cíclico que rechaza la repetición exacta, asumiendo que cada ciclo hereda vestigios de su predecesor.
Para intentar sostener esto, propuso junto al astrofísico V.G. Gurzadyan en 2010 la búsqueda de huellas empíricas: círculos concéntricos de baja varianza en el fondo cósmico de microondas formados por fotones que habrían logrado atravesar de un aeón al siguiente. Sin embargo, su estado actual sigue siendo el de una audaz idea. En 2011, Adam Moss, Douglas Scott y Ali Narimani Zibin publicaron un análisis contundente que no halló evidencia concluyente de tales anomalías. El investigador Javier Sánchez-Cañizares, en su exhaustiva reseña técnica para la revista Zygon en 2017, señala además el límite más severo de esta visión: la entropía. El modelo necesita que los agujeros negros pierdan información obligatoriamente, lo que choca de frente con la intocable definición del físico Ludwig Boltzmann.
Teoría de twistores en el Instituto Matemático de Oxford
¿Qué es la teoría de twistores?
Hablamos del programa matemático más ambicioso impulsado por el británico en su trayectoria, un intento sistemático de reformular la base espaciotiempo utilizando pura geometría compleja. A lo largo de su texto, la presenta como la verdadera y legítima alternativa frente a las cuerdas. Sánchez-Cañizares la describe con enorme acierto como una «matemática inteligente» que, de consolidarse, alberga el potencial de enlazar orgánicamente con la desconcertante no localidad del entrelazamiento a nivel subatómico.
El recorrido de esta rama de investigación viene de lejos. Un hito datable que subraya su larga tenacidad es la grabación histórica catalogada por el Archive Trust de un seminario impartido en el propio Instituto Matemático de Oxford el 16 de octubre de 1975. Hoy, el programa mantiene su llama académica en los despachos universitarios, donde resuenan títulos recientes como «How Do You Do Palatial Twistor Theory?». Pero debemos mantener la honestidad con su límite actual: el estado de los twistores es el de un sólido constructo teórico donde ninguna predicción experimental exclusiva ha logrado, por ahora, ser verificada.
Reducción objetiva cuántica y el colapso de la función de onda
¿Cómo funciona el colapso de la función de onda según Penrose?
La audaz reducción objetiva cuántica postula que el misterioso estado de superposición de las partículas no requiere de un observador abstracto para resolverse en nuestra realidad. Al contrario, este colapso se da de forma espontánea debido a la curvatura gravitacional que cada rama de la superposición imprime al tejido espacial. En lugar de aceptar ciegamente que la mecánica cuántica estándar funciona sin fallas a cualquier escala, Penrose exige someter esto a prueba bajo tierra.
Y el duelo ya se ha producido. En 2020, un equipo encabezado por Sandro Donadi, Kristian Piscicchia y Angelo Bassi publicó en la influyente Nature Physics una prueba extrema llevada a cabo en el hermético laboratorio subterráneo de Gran Sasso. Al medir la radiación que teóricamente debería emitir dicho colapso gravitatorio, los científicos descartaron de pleno la versión natural, sin parámetros libres, del llamado modelo Diósi-Penrose. Se trata de un resultado negativo directo y acotado, pero que no asesina por completo la propuesta, ya que el andamiaje matemático admite nuevas variantes ajustando factores.
¿Por qué le dieron el Premio Nobel a Roger Penrose?
El 6 de octubre de 2020, los jueces escandinavos premiaron al talento estrictamente demostrable, obviando sus polémicas con la ortodoxia. La academia reconoció su magistral artículo de enero de 1965 sobre las superficies atrapadas, dictaminando que la formación de agujeros negros es una predicción sólida. Esa línea tajante trazada por la Real Academia Sueca de Ciencias entre lo probado de forma indiscutible y lo meramente propuesto, es la que ordena su figura histórica hoy.
Hacia dónde nos lleva este pulso en el siglo XXI
Mi escenario, contemplando los hechos, es expectante. Si los futuros experimentos subterráneos continúan acotando más y más la reducción objetiva cuántica sin encontrar un solo rastro térmico, el modelo acabará estrechándose hasta convertirse en una brillante nota histórica. Pero si algún día emergiera una señal, habría que reescribir desde cero los mismísimos fundamentos de la física.
Todo dependerá de que las nuevas generaciones decidan dejar a un lado la comodidad institucional. Las cosmologías sin Big Bang único dependerán de que un físico de gran mérito resuelva, de una vez, el escollo de la entropía, y de que los datos procedentes del fondo de microondas dejen el terreno de la ambigüedad. Lo verdaderamente importante de un genio nacido en los años treinta no son sus respuestas finales, sino que haya arrastrado sus hipótesis al frío terreno donde se pueden derribar.
Dónde ir y qué consultar según Zuri Media Group
Para adentrarse en esta controversia intelectual de alto nivel y escapar de la simplificación excesiva, nuestra guía de consulta directa es muy precisa:
-
Zygon (zygonjournal.org): La extensa reseña académica publicada por Sánchez-Cañizares. Es el documento perfecto para quien busca una disección técnica frontal. Su única barrera es que la densidad de sus conceptos filosóficos expulsará rápidamente al lector ocasional.
-
Fourmilab (fourmilab.ch): Un ensayo redactado en octubre de 2016 por John Walker en su portal personal. Clara y escrupulosa. Su mejor virtud es que permite captar la esencia de la disputa matemática sin hundirse en fórmulas indescifrables.
-
Nobel Prize (nobelprize.org): La ficha institucional y la nota de prensa del Nobel de Física de 2020. Representa el gran anclaje institucional que recuerda y certifica el talento indiscutible en los orígenes de su carrera.
-
Nature Physics (nature.com): El revolucionario análisis de la prueba subterránea de 2020. La ciencia en estado puro, chocando el metal contra la abstracción de pizarra. Su clásico límite es el severo muro de pago de las corporaciones científicas.
¿Qué pasa si la reducción objetiva cuántica nunca llega a demostrarse en un laboratorio?
Absolutamente nada. Quedaría archivada como una maravilla del ingenio y la osadía intelectual humana que, lamentablemente, no concuerda con la fría arquitectura de nuestro universo.
¿Puede un premio Nobel equivocarse de pleno en todo lo que proponga después de su mayor éxito?
Por supuesto que sí. La historia del método científico está repleta de mentes ilustres persiguiendo espejismos; su triunfo sigue siendo forzar a la maquinaria experimental a trabajar a su máxima capacidad para desmentirlos.
¿Estamos dispuestos a aceptar que la extrema elegancia matemática no garantiza la verdad de nuestro cosmos?
Esta es la lección amarga del libro. La tradición científica nos impone la obligación de doblegar cualquier tipo de devoción estética cuando el ruido de los instrumentos de medición indica, tercamente, lo contrario.
¿Será esta la década en que caigan las modas intocables para dar paso a una disciplina empírica mucho más sucia pero veraz?
Ese es, en el fondo, el desafío último que nos deja el viejo profesor desde Oxford, instando a las nuevas escuelas a arriesgarlo todo en el mundo de los datos tangibles.