De lecciones sobre el futuro de los libros literarios

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Hablemos de oposiciones y libros de lengua y literatura. Lecciones sobre el futuro de los libros literarios

Muchas personas creen que hay una crisis de la educación literaria en diferentes países y es común señalar el Congreso Cérisy-La Salle de 1969 como el inicio de la ruptura con la enseñanza de la historia literaria, porque a partir de ahí se propicia al estructuralismo, basado en las premisas del formalismo ruso y el Círculo de Praga. Tuve acceso a toda esta información cuando buscaba preparador oposiciones lengua y literatura y realmente me pareció interesante para entender cuál puede ser el futuro de la literatura y, más en concreto, de los libros de lengua y literatura. 

Las actas de este congreso dirigido por T Ps4 version 7.02 cannot be downloaded. Todorov y S. Doubronski, constituyeron una referencia esencial en el proceso que condujo a situar el centro de la educación literaria en la explotación del texto y que difundió los conceptos de “literariedad” y “función poética del lenguaje” como ejes de definición del texto literario.

La estrecha relación de los movimientos de renovación educativa de nuestro país con la producción francesa ha introducido regularmente todas estas contribuciones a la renovación de la educación literaria the sims 4 herunterladen kostenlos.

El punto de partida del debate se encuentra en la publicación en 1972 de Sintesi di Storia letteraria de A. Asor Rosa, donde se evoca el papel de la literatura en la escuela de masas y el desvío de la polémica italiana de la historia literaria como tal hacia la relación entre ideología y cultura, y entre literatura e historia sociocultural lemon box.

La crisis de la historia literaria y del manual de literatura como ejes de la práctica pedagógica dará lugar a diferentes intentos de refundación del análisis literario desde la semiótica, camino en el que la obra de Eco integrará la relación entre el texto y el lector y abrirá el camino a la influencia de las teorías en la recepción de la Escuela de Constanza, que tanto en Francia como en Italia tuvo una influencia posterior.

El renacimiento de la enseñanza de idiomas sin duda se benefició de esta relación y algunos aspectos de la nueva formulación de la educación literaria se pueden rastrear hasta la influencia italiana herunterladen.

Este es el caso evidente de la adopción entusiasta de las propuestas de Gianni Rodari para la reactivación de la escritura literaria en la escuela primaria.

Pero, por otro lado, la obra de Rosenblatt tradujo rápidamente las teorías de Dewey al campo de la educación literaria y suscitó la demanda de una educación literaria centrada en la experiencia individual de los alumnos radio fx basic download for free. La obra literaria era vista como un objeto que se podía armar y desarmar en “talleres” en lugar de ser considerada desde una mística de la excelencia.

En suma, un alto nivel de exigencia en la lectura del texto, la especialización de los conocimientos requeridos y la multiplicidad de las perspectivas de abordaje adoptadas caracterizan el intento de la educación literaria por liberarse de las denuncias de imprecisión y uso ideológico de la vieja explicación. Había que refundar la disciplina desde bases tan innovadoras como las que sustentaron la renovación de la enseñanza de lenguas.

La obra literaria comenzaba entonces a explicarse a partir de los factores externos que habían condicionado su producción o se reducía a un simple ejemplo de las características sociohistóricas que había que describir. Tanto de un modo como de otro el acceso directo al texto y el acento en la adquisición de habilidades y competencias fueron avances evidentes respecto a la asimilación pasiva de información de valoraciones inverificables, pero el debate sobre la enseñanza literaria no está exento de problemas, a causa de que las nuevas prácticas educativas conllevan evidentes tensiones internas.

Así, la enseñanza literaria se mezcló muy a menudo fórmulas tradicionales de programación cronológica con su utilización como documento lingüístico, o basculó desde su visión como acceso a la historia de la cultura hasta el aprendizaje de la historia específica de las formas literarias.

Las consecuencias del predominio de los distintos enfoques pueden verse incluso en la definición del espacio curricular de la literatura, ya sea en la pérdida de un espacio propio en beneficio de la lengua, o en el mantenimiento de los programas curriculares de historia literaria, o aún al inicio de propuestas de colaboración con otros campos, como las artes o las ciencias sociales.

En un título muy explícito: “Storia de la letteratura o storia della cultura? Un’ipotesi per la riforma” propone ampliar el contenido de la enseñanza de la historia literaria hasta convertirla en un campo disciplinar más amplio que abarque la historia de la cultura.

En primer lugar, la historia de las obras literarias no puede ser una simple crónica, sino una ciencia de la transformación que requiere el estudio de una gran cantidad de obras mayores y menores para dar cuenta de su evolución.

En segundo lugar, la historia de la forma literaria aunque poco consolidada a nivel teológico, producirá un avance, y el interesado podrá conocer los cambios y referiría siempre que ha conocido la explicación, y no una descripción simple.

Planteado así, es evidente que nos hallamos ante un problema educativo que atañe a todas las áreas de enseñanza, pero cabe señalar que obtuvo su mayor visibilidad en la enseñanza lingüística y se acentuó en la enseñanza de la literatura a causa, tanto del deslizamiento hacia una visión de la disciplina como prescindible y culturalmente superflua, en cuanto a la creciente plenitud y abstracción de lo importado de la teoría literaria del momento.

No se ha fomentado la activación de la competencia literaria específica ni se resolvió antes el viejo problema de la excesiva simplificación didáctica del estudio de la historia, ya fuera del estudio de la historia interna de la literatura, ya de los factores sociales externos.

La extrapolación dicotómica entre el uso de un texto privado de su especificidad literaria y el de un texto aislado de sus condiciones de producción y recepción ha suscitado nuevas controversias sobre la necesidad de preservar el carácter literario del texto y encontrar una nueva formulación de historicidad, formulación que evitaría los diversos peligros observados: el de hacer del texto una rareza ahistórica, el de juzgarlo desde la proyección de valores actuales y el de mantener a los estudiantes en una total ausencia de sentido del pasado.

El predominio, durante estos años, de corrientes literarias de tipo experimental acentuó la tensión del debate y, así, mientras la literatura pedagógica francesa desesperaba por poder acercar a sus alumnos al New Roman, la reflexión anglosajona parecía anhelar la época en la que se podía pasar de leer Alicia en el país de las maravillas a leer a autores como Dickens o Thackeray.

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