JOHNNY ZURI

JOHNNY ZURI | Director Editorial en Zuri Media Group.

Analista de tendencias de futuro y cultura digital. Ayudamos a marcas líderes a conectar con audiencias exigentes mediante contenidos de alto impacto y posicionamiento estratégico.

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¿Está KINDLE UNLIMITED matando la literatura sin darnos cuenta?

¿Está KINDLE UNLIMITED matando la literatura sin darnos cuenta? KINDLE UNLIMITED ya no es lo que parecía ser

Kindle Unlimited esconde un secreto incómodo que pocos quieren mirar de frente. ¿Lo sabías? Una frase mal colocada en una novela de fantasía lo cambió todo y desató una avalancha de sospechas sobre el futuro del libro en la era digital 📚🤖

La palabra clave es esta: confianza. Y la estamos perdiendo. Porque Kindle Unlimited, esa tierra prometida donde cualquier lector podía sumergirse entre millones de títulos y cualquier autor podía soñar con ser leído, se ha convertido en un campo minado de contenido automatizado, plagio encubierto y algoritmos ciegos. La literatura, ese refugio humano, está siendo asediada por su copia sintética.

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Todo estalló con un simple error. Pero no fue cualquier error. Fue una grieta en la pared que dejó pasar una luz brutal: la de la inteligencia artificial en libros, y lo que está haciendo con nosotros.

Origen: Can Kindle Unlimited Survive AI?

“Reescribe este pasaje al estilo de J. Bree”: el día que todo cambió

Lo vi primero en un foro literario. Un lector enfadado subía la captura de una página de Darkhollow Academy: Year 2, una novela de esas que en redes se venden solas, con portadas seductoras y promesas de dragones, sexo y oscuridad emocional. El problema no era la historia en sí. El problema era una frase metida sin querer en el manuscrito final: “Reescribí el pasaje para que se ajuste más al estilo de J. Bree…”.

No era una frase narrativa. Era un prompt. Una instrucción de IA.

Aquello no era un accidente cualquiera. Era la prueba de que el texto se había originado a partir de una máquina. Y peor aún: que esa máquina había sido alimentada con un estilo ajeno, ajeno y vivo, robado con guantes invisibles. Una especie de plagio literario emocional. No de ideas, sino de alma.

La autora, Lena McDonald, retiró el fragmento, actualizó el archivo, intentó borrar la pista. Pero el daño ya estaba hecho. Las redes —Reddit, Goodreads, TikTok— no perdonan. El escándalo voló como una chispa en un cuarto cerrado lleno de gas. Y Kindle Unlimited se convirtió en el escenario de un juicio colectivo.

“No sabemos si leemos a un humano o a un software”

Amazon, como siempre, actuó con esa mezcla de frialdad y torpeza que la caracteriza cuando algo escapa a sus cálculos. Impuso un límite de tres libros auto-publicados por día. ¿Tres? ¿Qué autor humano necesita publicar tres libros al día? Lo que para una IA es una caminata mañanera, para un ser humano es una carrera de ultramaratón.

Y claro, ahora hay una casilla para declarar si un libro ha sido creado con inteligencia artificial. Solo que esa información no la ves tú, lector, ni tú, autora honesta. Queda oculta. Bajo llave. En una especie de buzón que nadie puede abrir salvo los algoritmos.

«Los lectores están leyendo fantasmas, y no lo saben». Esa fue una de las frases más compartidas en TikTok después del escándalo. Y no les falta razón.

Porque esta vez, el problema no son solo los escritores perezosos. El problema es que las plataformas están diseñadas para premiar a quienes llenan más espacio, no a quienes ofrecen más sustancia. El algoritmo de Kindle Unlimited no distingue belleza de basura. Distingue volumen.

Y la IA puede generar volumen hasta el infinito.

Cuando BookTok impulsaba sueños reales

Lo más cruel de esta historia es que la auto-publicación era hasta hace poco una esperanza legítima. Mujeres sin agentes, escritores queer, autoras latinas o negras, personas que las editoriales ignoraban por no encajar en moldes caducos, encontraron en Kindle Unlimited un atajo al corazón del lector. Sin filtros. Sin excusas.

El subgénero del romantasy nació ahí. La alquimia entre romance e imaginación fantástica explotó en redes como BookTok y creó joyas inesperadas. Libros que, aunque imperfectos, estaban llenos de voz. De sangre. De verdad.

Pero ahora, esa selva viva se está llenando de clones sin alma. Libros generados por IA que simulan tensión, simulan pasión, simulan todo… pero no sienten nada. ¿Y qué hace el algoritmo? Premia esa producción incesante. Porque lo que importa no es si lloraste al escribirlo, sino cuántas páginas tiene.

La literatura era un río y la IA le echó hormigón encima.” Eso lo dijo una editora independiente con la que hablé hace poco. Y me estremeció la precisión.

Un negocio brillante… para los que no escriben

La perversión es aún más honda cuando uno revisa cómo se paga en Kindle Unlimited. El sistema recompensa por páginas leídas. Pero no mide intención, ni autenticidad, ni talento. Solo páginas.

Así nacen los trucos: libros que empiezan con un índice que salta al final para hacerte «leer» sin querer. Traducciones automáticas que inflan la longitud del texto. Capítulos repetidos que ni el lector más dormido notaría hasta el final.

¿Quién gana? Quien sepa automatizarlo. El contenido automatizado tiene nombre, pero no tiene alma. Su autor no escribe, diseña prompts. Y su única musa es el dinero.

¿Y lo ecológico? Bueno… una consulta a ChatGPT gasta diez veces más energía que una búsqueda de Google. Pero ¿a quién le importa eso si el libro generado se vende, aunque nadie lo recuerde?

Lo que estamos perdiendo

No se trata solo de proteger la profesión de autor o de exigir moralidad en una industria. Es más profundo. Estamos perdiendo nuestra capacidad de confiar.

Cuando compras un libro ahora, ¿sabes si lo escribió alguien que alguna vez lloró frente a una página en blanco? ¿O simplemente una secuencia de instrucciones sin alma?

El lector empieza a sospechar de todos. La autora honesta tiene que justificar que sí lo escribió ella misma. Y lo que era un ecosistema vibrante se vuelve un lodazal de dudas.

¿Será esto el final del sueño auto-publicado?

La paradoja de la tecnología que prometía libertad

La tecnología en literatura debería ser una aliada. Las herramientas de IA podrían ayudar con bloqueos creativos, mejorar diálogos, editar con precisión quirúrgica. Pero lo que debería ser un pincel se ha convertido en impresora en serie.

«No es la IA el problema, es cómo la estamos usando», dicen algunos. Yo no estoy seguro. Porque cuando das a una máquina el poder de fingir humanidad, el resultado no es arte: es un espejismo.

Y sí, el lector medio aún prefiere lo humano. Las estadísticas lo dicen: más tiempo de lectura, más interacción, más profundidad. Pero también lo inmediato es tentador. Y las plataformas no están educando al lector para distinguir, sino para consumir.

Kindle Unlimited, ¿tiene arreglo?

Podría tenerlo. Amazon tiene el poder, el dinero, la infraestructura. Pero ¿tiene la voluntad? Mientras los libros generados por IA sigan produciendo ingresos, ¿qué incentivo real existe para frenar esa avalancha?

Lo mínimo sería mostrar si un libro ha sido generado por IA. Crear un sistema de verificación para autores humanos. Recompensar no solo el volumen, sino la calidad. Pero eso requiere cambiar el modelo de negocio.

Y Amazon, hasta ahora, no ha mostrado prisa por hacerlo.

Los lectores aún tienen la última palabra

Por suerte, BookTok, Goodreads, los foros, siguen siendo trincheras donde el lector humano detecta el engaño. Un título sin alma puede colarse en los primeros puestos, pero no resiste una reseña honesta. No sobrevive al juicio de quien lee con el corazón.

Tal vez por eso aún no perdí del todo la fe.

Porque mientras exista alguien que subraya una frase porque lo conmovió, que relee un párrafo porque le dolió, que recomienda un libro porque lo cambió por dentro, entonces aún queda esperanza.

“La literatura no es lo que publicas. Es lo que dejas en otro.”

“Una máquina puede escribir una historia. Pero no puede haberla vivido.”
“El futuro del libro no es artificial. Es profundamente humano.”

“La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.” (Proverbio tradicional)

“No se puede escribir sin heridas.” (Marguerite Duras)


KINDLE UNLIMITED está en un punto de inflexión. Y lo que hagamos ahora definirá el destino de la literatura digital.

¿Volveremos a confiar en la auto-publicación? ¿O será esta la era donde los fantasmas digitales sustituyen a los autores reales?

¿Estamos leyendo libros… o simplemente prompts bien camuflados?

Y lo más importante: ¿seguirá teniendo sentido escribir con el alma en un mundo donde lo que se premia es la cantidad?

La novela gráfica SIMPLICITY es tan aterradora como seductora

¿Te atreves a entrar en la SIMPLICIDAD? La novela gráfica SIMPLICITY es tan aterradora como seductora

La nueva novela gráfica SIMPLICITY es una bomba visual, una trampa sensorial, un misterio envolvente disfrazado de experimento social. Y por si fuera poco, lleva la firma de Mattie Lubchansky, esa mente deliciosa que ya nos voló la cabeza con Boys Weekend y que ahora, con más color, más rabia y más ternura, nos lanza al abismo emocional de una pregunta devastadora: ¿qué es más importante, la comunidad o el individuo?

El simple hecho de que este relato comience en un bosque con un culto y termine en una confrontación apocalíptica en las Zonas Periféricas ya debería ser suficiente. Pero no te vayas todavía, porque lo que ocurre entre esas dos orillas es una de las travesías más inquietantes, sexys y conmovedoras que se han dibujado en mucho tiempo. SIMPICITY, como sugiere su irónico título, es todo menos sencilla.

9780593701126

Origen: Simplicity by Mattie Lubchansky: 9780593701126 | PenguinRandomHouse.com: Books

Cuando la distopía tiene alma, y colores púrpura que gritan

Hace tiempo que los futuros sombríos dejaron de sorprenderme. Pantallas grises, ciudades en ruinas, héroes cínicos… ya sabes cómo va la cosa. Pero Simplicity me hizo tambalear. Tal vez porque no es un futuro distópico más, sino uno que se siente posible, reconocible, incómodamente cercano. La ciudad de Nueva York ya no es una metrópoli como la que conoces: es un Territorio Administrativo y de Seguridad, una muralla burocrática que intenta contener el caos tras la disolución formal de los Estados Unidos en 2041. Allí vive Lucius Pasternak, un académico meticuloso, tímido, encerrado tanto en su apartamento como en mismo.

El orden también puede ser una jaula disfrazada de rutina.

Lucius es trans, sí, pero eso no es lo que define esta historia. No hay lecciones ni sermones ni etiquetas de cartón. Hay humanidad. Hay cuerpos que respiran, que tiemblan, que se desean, que se contradicen. Y sobre todo, hay una fuerza narrativa que no necesita explicar su corazón para que lo sientas latiendo. Cuando Lucius acepta el encargo de estudiar a la comunidad de Simplicity, no va como explorador, sino como testigo de su propia transformación.

Un culto, una mujer fascinante y visiones demasiado reales

En Simplicity, una comunidad en apariencia tranquila se asienta sobre las ruinas de un antiguo campamento de verano, rodeada de árboles, rituales raros y silencio espeso. Allí conoce a Amity Crown-Shy, una mujer nacida en el culto, segura de misma, luminosa como el primer día de primavera. Amity no necesita imponerse: simplemente es. Y esa naturalidad se convierte en un espejo incómodo para Lucius, que hasta entonces había vivido más como una nota al pie que como un personaje principal.

Pero también hay oscuridad. Y no solo en los símbolos extraños que marcan las paredes del complejo, sino en los sueños y alucinaciones que acechan a Lucius. Una criatura llamada “La Lamentación” aparece entre los árboles, hermosa y monstruosa, como si las pesadillas de David Cronenberg hubieran leído poesía antes de salir a cazar. Y cuando los miembros de la comunidad comienzan a desaparecer, Lucius y Amity se ven obligados a entrar en un bosque que es tanto físico como mental: las Zonas Periféricas, hogar de ricos aislacionistas, fanáticos libertarios y “cosas peores”.

A veces la amenaza real no es la criatura que te observa, sino lo que estás dispuesto a ignorar para seguir sintiéndote seguro.”

Horror con propósito, sátira con ganas, color con alma

El arte de Lubchansky no solo ilustra. Hipnotiza. Te guía como un hilo de sangre en un pasillo blanco. En Simplicity, cada página está cargada de información oculta: el púrpura anuncia peligro, las cicatrices cuentan historias silenciadas, y la brutalidad no se disfraza con metáforas. Pero también hay humor, erotismo, humanidad. Y una ironía constante que convierte al lector en cómplice. Como si te guiñaran un ojo desde la sombra.

No es casual que autores como Charlie Jane Anders o Kristen Arnett hayan elogiado la obra como una joya. O que se compare su mirada con la de Ursula Le Guin. Mattie Lubchansky no dibuja para pasar el rato. Dibuja para abrir heridas que curan. Para contar lo que muchos sienten y pocos se atreven a decir.

Simplicity no es una distopía, es un espejo que todavía se empaña”

Lo más inquietante de esta novela gráfica es que, a pesar del horror, o tal vez gracias a él, nunca deja de preguntarte cosas. ¿Dónde estarías tú? ¿Huyendo o quedándote a luchar? ¿Te unirías a la causa o mirarías desde lejos mientras los demás arden? ¿Es el amor un refugio o una distracción? ¿Qué hacer cuando la única salida exige perder el control que tanto te ha costado construir?

Hay algo devastadoramente tierno en Lucius. En su forma de necesitar orden para no romperse. En cómo empieza como un observador y termina como un protagonista que arde, ama, grita, huye, regresa. Y en cómo el lector, sin darse cuenta, pasa de espectador a rehén emocional.

La gran belleza de lo monstruoso

A medida que la historia se adentra en sus capítulos más intensos, uno empieza a entender que Simplicity no trata realmente de monstruos. O no solo. Trata de decisiones. De cómo enfrentamos lo que nos da miedo. De si somos capaces de ver a los demás como algo más que decorado para nuestra narrativa personal. De si ser valiente es quedarse… o escapar.

Y todo esto contado con un arte que parece reírse del fin del mundo mientras lo dibuja con una precisión quirúrgica. Lubchansky se convierte aquí en una especie de Chamán de la distopía gráfica, con el mismo descaro que R. Crumb y la misma lucidez perturbadora de Philip K. Dick.

¿Estamos listos para lo que viene después de Simplicity?

Cuando cierres este libro, si es que puedes cerrarlo sin releer las últimas páginas una y otra vez, vas a quedarte con un zumbido en la cabeza. No un trauma. Más bien una especie de nostalgia por algo que no sabes si pasó o soñaste. Como un verano en el que fuiste feliz en secreto. O una conversación que cambió tu forma de ver el mundo sin que pudieras explicarlo.

No necesitas entender la verdad para saber que algo es real.”

Puede que Simplicity termine como empieza: con más preguntas que respuestas. Pero eso no es un defecto. Es un regalo. En un mercado saturado de respuestas fáciles, esta novela gráfica apuesta por el misterio, por el dolor que transforma, por la belleza que incomoda. Y, sobre todo, por la idea —tan antigua como poderosa— de que el verdadero enemigo no siempre está fuera, sino en la forma en que aprendimos a sobrevivir.


Lubchansky nos ofrece un viaje tan delirante como necesario”

Simplicity es una novela gráfica sobre el miedo… y lo que hay más allá”


La esperanza es lo que sigue cuando todo lo demás ha fallado.” (Octavia Butler)

La humanidad no se mide en promesas, sino en sacrificios.” (Refrán anónimo)


Simplicity es la respuesta incómoda a una pregunta que no sabías que te hacías

Una novela gráfica brutal, sensual y profundamente humana


¿Estás dispuesto a cruzar el umbral y descubrir qué queda de ti al otro lado?

¿La NOVELA GRÁFICA ha superado a la literatura tradicional?

La leyenda de Indira viaja al libro forum de valencia

¿Quién es Indira y por qué todos hablan de ella? El thriller circense que conquista Valencia tiene nombre propio.

La leyenda de Indira se desliza entre las manos con la misma precisión que un funambulista cruza el alambre. Es un equilibrio endiablado entre lo que fuimos y lo que aún nos atrevemos a imaginar. Y sí, se dirige —con su sombrero de copa, su maquillaje trágico y su secreto a cuestas— hacia el Libro Forum de Valencia. 🎪📚

Hay autores que no necesitan presentaciones formales porque su obra habla más alto que cualquier biografía. César del Rosal es uno de ellos. Su primera novela, Indira, una leyenda de promesas rotas, no solo ha incendiado la crítica y las redes, sino que ha abierto un surco nuevo en la narrativa española actual. Con una estética afilada y una sensibilidad que mezcla la ferocidad del punk con la elegancia del relato clásico, este escritor —nacido en plena transición cultural— ha devuelto al lector algo que creíamos perdido: el asombro.

Pero nada de esto sería posible sin una plataforma que entendiera el valor de lo diferente. Ahí es donde entra Caligrama, el sello que se ha convertido en el auténtico semillero de voces emergentes con pulso literario propio. Más que una editorial, es una pista de despegue. Y César, con su mezcla de riesgo y belleza, ha demostrado que apostar por lo audaz no solo es necesario, sino urgente.

César del Rosal Rubio ha hecho algo que no se ve todos los días: ha conseguido que una primera novela se cuele por la puerta grande del imaginario colectivo. «Indira, una leyenda de promesas rotas» no es solo un libro, es una carpa literaria que se planta en medio del páramo editorial español con la elegancia de los viejos circos nómadas. Y lo hace para quedarse.

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«No es solo una novela, es un hechizo que huele a serrín y a pólvora»

Hace tiempo que no me encontraba con una ópera prima que sonara tan afinada, tan afilada, tan… diferente. Hay novelas buenas, otras correctas, algunas pretenciosas, y luego están estas rarezas que aparecen sin previo aviso y te dejan boquiabierto, preguntándote en qué momento te convertiste también tú en uno de los personajes.

Porque «Indira» tiene eso: una extraña capacidad de absorción. Y no es por el argumento —que lo tiene, vaya si lo tiene— ni por el estilo, que mezcla el lirismo con el filo del cuchillo. Es por el alma. Esa cosa invisible que hace que una historia no sea solo una historia, sino una experiencia emocional, estética y sí, también filosófica.

El circo como espejo de lo humano

La novela se sitúa en 1882, en un circo itinerante que cruza el sur de Europa. No es un capricho decorativo, sino una elección quirúrgica: el circo como metáfora del alma humana, como espacio donde lo sagrado y lo grotesco conviven. Entre las jaulas de fieras, las carpas con olor a alquitrán y los aplausos de un público hambriento de espectáculo, se esconde algo más profundo. Un thriller que en realidad es una inmersión psicológica, una tragedia disfrazada de cuento, una familia rota por el silencio y el dolor.

«Indira», la protagonista, se mueve entre la luz de los focos y las sombras del pasado. Es una heroína a la antigua, pero con resonancias modernas. Alguien que no se deja encasillar ni por su tiempo ni por su género. Alguien que, como muchos de nosotros, busca la verdad en medio de una feria de espejos.

«El circo no es lo que ves, sino lo que imaginas cuando se apagan las luces»

La crítica lo ha dejado claro: este libro ha llegado para quedarse. Y si alguien tenía dudas, los Premios Caligrama 2024 se encargaron de despejarlas. Aunque el galardón fue para otro, «Indira» se alzó con una mención de honor y se convirtió en uno de los títulos más comentados en redes. Ahí es donde nació el fenómeno: en los perfiles de bookstagramers que la elevaron a categoría de culto, en los hilos de Twitter que diseccionaban sus capítulos como si fueran piezas de relojería. La magia estaba servida.

Caligrama, la pista donde se entrenan los futuros grandes

Y aquí entra en juego Caligrama, esa editorial que algunos aún miran por encima del hombro sin darse cuenta de que están asistiendo al nacimiento de una nueva constelación literaria. No es casual que autores que empezaron allí hayan terminado firmando con sellos como Grijalbo, Debate o Alfaguara. Es el síntoma de que el talento ya no espera el beneplácito de las editoriales de siempre. Y César del Rosal Rubio es el último ejemplo.

Durante los premios celebrados en Sevilla, compartió categoría con títulos sólidos como «El secreto del doctor francés» y «El Círculo Milenario II», lo que confirma su lugar en la primera división de las letras emergentes. Y aunque no se llevó el oro, su presencia entre los finalistas fue suficiente para disparar el interés de lectores, críticos y editores.

Valencia como escenario y augurio

El Libro Forum de Valencia, previsto para los días 4 y 5 de julio de 2025 en el Centro Comercial Gran Turia, no es una feria más. Es un experimento social y cultural, un punto de encuentro que bebe del humanismo y el espectáculo, de la palabra escrita y del cuerpo presente. Ahí estará César, presentando su criatura. Y no será una presentación cualquiera.

Porque cuando el autor de «Indira» suba al escenario, no lo hará solo: le acompañará un murmullo de lectores, una nube de expectativas, una promesa cumplida. Será un momento histórico para quienes hemos seguido esta historia desde sus inicios. Valencia no será solo ciudad anfitriona, será epicentro emocional, simbólico y narrativo.

Entre firmas de libros, concursos de microrrelatos y charlas con autores, el evento ofrecerá esa experiencia inmersiva que hoy tanto buscamos: una literatura viva, que no se encierra entre tapas duras, sino que salta a la pista como un domador de leones o una acróbata sin red.

«No hay red cuando se escribe desde las tripas»

Y eso es justo lo que ha hecho César del Rosal Rubio. No ha escrito una novela; ha escrito su manifiesto íntimo, su autobiografía emocional disfrazada de historia decimonónica. Y lo ha hecho con el pulso de quien ha vivido. Porque no lo olvidemos: este autor viene de la música, del escenario, del directo. Ha tocado con Noise Box y Toxic Boy, ha aprendido a respirar con el público y a entender que cada nota —o cada palabra— puede ser una declaración de amor o un puñal en la espalda.

Esa sensibilidad se nota en cada capítulo. El ritmo, la tensión, los silencios. Todo huele a backstage, a camerino con espejos rotos, a punk en la sangre y clasicismo en el alma. Porque César nació en 1977, el año en que se acabó la censura en el cine español y Alberti volvía del exilio. ¿Casualidad? No lo creo. Hay generaciones que nacen marcadas por la necesidad de decir lo que otros callaron. Y «Indira» lo dice todo.

El futuro ya está aquí y tiene forma de carpa

La verdadera sorpresa de esta historia no es el éxito, sino cómo se ha construido. Con honestidad, con trabajo, con una estética que bebe de lo retro pero se proyecta hacia el futuro. Porque eso es lo que hace esta novela: nos recuerda que el pasado no está muerto, solo está esperando a ser contado de otra forma.

«Indira» no viaja sola. Lleva consigo todo un imaginario, toda una visión de lo que puede ser la literatura en los próximos años. Una literatura que no teme mezclar géneros, que hibrida lo psicológico con lo fantástico, lo gótico con lo pop, lo íntimo con lo espectacular.

Así que sí: el 4 de julio en Valencia no será un día más. Será el día en que una novela —y un autor— salten al centro del escenario para recordarnos que la ficción aún puede conmovernos, sacudirnos y, sobre todo, hacernos soñar.


“El circo es el único lugar donde lo imposible se hace rutina”

“Indira no es una mujer, es un presagio”

“El thriller ha encontrado su carpa, y está en llamas”


“El arte no reproduce lo visible, sino que hace visible lo invisible.”

(Paul Klee)

“Cada circo es un pequeño universo. Y todo universo tiene su Dios y su demonio.”

(Aforismo atribuido a un domador anónimo del siglo XIX)


César del Rosal Rubio y su circo literario llegan al futuro

Caligrama se convierte en el trampolín del thriller híbrido


¿Será esta novela el inicio de una nueva forma de narrar? ¿O es solo un espejismo brillante bajo las luces de la carpa? ¿Puede el pasado contarnos algo nuevo sobre quiénes somos ahora? ¿Y qué más nos espera bajo la lona de este circo que apenas empieza a desplegarse? 🎪📖

¿Comic Con Colombia 2025 es la nueva Meca del entretenimiento geek?

¿Comic Con Colombia 2025 es la nueva Meca del entretenimiento geek? El futuro geek ya está aquí y vibra en Corferias

Comic Con Colombia 2025 no es una convención. Es un experimento emocional, una feria de vanidades tecnológicas, un carnaval interdimensional que mezcla el olor a plástico de figuras coleccionables con el zumbido casi místico de una impresora 3D echando humo. Y sí, me atrevo a decirlo: es el evento más futurista y delirantemente humano que he presenciado. 🤖🎭

La palabra clave aquí es Comic Con Colombia 2025. Porque esto no es una reunión de frikis: es la validación total de una forma de vida que combina el arte, el juego y la tecnología en una sola oración infinita.

“No estamos disfrazados, estamos evolucionando”

Al llegar a Corferias, lo primero que me sorprende no es la multitud, ni los disfraces que parecen sacados directamente del vestuario de «Blade Runner», ni siquiera la gigantesca pantalla que proyecta batallas galácticas. Lo que realmente me sacude es esa sensación en la nuca, ese hormigueo que te dice: algo importante está pasando. Aquí, entre capas de superhéroe y lentes de realidad aumentada, se está escribiendo el futuro de la cultura.

Y no, no exagero. Comic Con Colombia 2025 no es un simple evento, es un espejo del mundo que viene: participativo, digital, envolvente. Donde los espectadores ya no se conforman con mirar; quieren tocar, crear, vivir.

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Origen: Comic Con Colombia 2025 en Corferias: fechas, invitados y actividades clave

E-sports y 5G, el cóctel que electriza al público

La Arena Gaming no se parece a una zona de videojuegos. Se parece a un coliseo del siglo XXI, donde los nuevos gladiadores no luchan con espadas sino con joysticks, y donde la sangre es sustituida por píxeles. Los e-sports ya no son “esa cosa rara de los adolescentes” sino una industria que facturará miles de millones. Y en este ring digital, Colombia no se queda atrás: la red 5G se despliega como un escenario invisible, haciendo posible lo imposible.

Imaginen esto: juegos en la nube, con latencia de un milisegundo. La diferencia entre la derrota y la gloria en un parpadeo. Telefónica ha metido ficha fuerte aquí, y los jugadores —profesionales o no— lo saben. Lo sienten. Lo celebran.

Cosplay que respira, se ilumina y late

Hay algo profundamente hermoso y un poco inquietante en ver a Yaya Han desplegar su traje con luces programables. No es solo tela, ni gomaespuma. Es tecnología portátil, es arte cinético, es ciencia ficción hecha costura. Los cosplayers de hoy ya no solo visten a sus personajes: los encarnan. Con microcontroladores, circuitos, sensores. Algunos trajes responden al movimiento. Otros, a la música. ¿Quién dijo que el cosplay era solo manualidades?

Y mientras algunos puristas resoplan por la llegada de la IA al diseño de disfraces, otros ya la están abrazando con el entusiasmo de un niño abriendo su primera figura de acción. ¿Es trampa? ¿Es evolución? Da igual. El resultado es hipnótico.

“En el metaverso no hay filas, hay portales”

Caminar por Comic Con Colombia 2025 es como atravesar un túnel que desemboca directamente en el metaverso. Aquí, la realidad virtual no se exhibe: se vive. En los stands de Welme, los visitantes se meten literalmente dentro del contenido. Ya no hay «público» y «creador»: hay una sola entidad viva, pulsante, que respira al ritmo de la interacción.

Los mundos compartidos dejan de ser promesas. Son una realidad tangible, visible, audible. Una chica de 14 años diseña su avatar en tiempo real. Un adulto de 50 participa en una batalla galáctica con gafas de realidad aumentada. Generaciones distintas, códigos culturales opuestos, unidos por la experiencia inmersiva.

NFT: no es humo digital, es patrimonio geek

Recuerdo cuando los NFTs eran objeto de burla. Ahora, en esta convención, son piezas codiciadas. Cada entrada puede tokenizarse. Cada experiencia vivida puede convertirse en un recuerdo verificable, intransferible, eterno. Esto no es una figurita virtual: es la emoción encapsulada en código.

Las vitrinas físicas siguen ahí, claro, pero ahora compiten con galerías digitales que muestran ilustraciones animadas, archivos que evolucionan, cromos que cambian de forma con el tiempo. Una nueva forma de coleccionar que redefine el valor emocional y económico del objeto.

Inteligencia artificial: el curador que te conoce mejor que tu ex

Entre las más de 170 actividades académicas, algo pasa detrás del telón. Un algoritmo analiza tus intereses, tus pasos, tus gustos. Y te propone: “¿por qué no vas a ese panel sobre diseño retrofuturista?” No es casualidad. Es IA, es Big Data con alma de geek.

Las recomendaciones personalizadas ya no son un capricho. Son la forma natural de navegar en la sobredosis de opciones. Como un guía invisible que te lleva justo al lugar que aún no sabías que estabas buscando.

“Los hologramas no son magia, son logística avanzada”

Sí, Drake Bell está en el escenario. Y también lo está en el otro, a la misma hora. Y en otro más. ¿Cómo? La respuesta es holografía. Lo que hace unos años era el truco de una película, hoy es una herramienta logística real. Musion y ARHT Media están trayendo el futuro al presente.

No más límites físicos. No más horarios imposibles. Un solo artista, múltiples presencias. Una audiencia, miles de perspectivas. Los homenajes a “Ghostbusters” y “El Padrino” lo demuestran: podemos revivir el pasado sin desenterrar cadáveres.

Streaming 360°: la democratización geek

No todos pueden pagar el viaje a Bogotá. Pero todos pueden estar allí, de algún modo. El streaming en 360° con realidad virtual está rompiendo las barreras geográficas. Asistir a Comic Con Colombia 2025 ya no requiere cuerpo. Solo ganas y un buen visor.

Gracias a empresas como Tworeality, los ausentes se convierten en presentes. Y lo hacen con calidad 4K, sin cortes, con sonido inmersivo. La nostalgia ya no es “yo estuve ahí”, sino “yo lo viví como si estuviera”.

Robots en escena, drones en el cielo

El futuro del entretenimiento no está en Hollywood. Está en un dron que danza al ritmo de Mika Kobayashi. En un robot que toca la batería con precisión quirúrgica. En el Robot Restaurant japonés, reimaginado aquí, en vivo, con alma geek.

La robótica escénica no sustituye al humano. Lo potencia. Lo desafía. Lo acompaña. Porque, ¿quién no quiere ver una batalla épica entre un cantante y su doble mecánico? Spoiler: el robot tiene mejor ritmo.

Artist Alley y la nueva bohemia digital

El Artist Alley es mi lugar favorito. Siempre lo ha sido. Pero este año, algo ha cambiado. Las obras no son solo dibujos en papel. Son experiencias aumentadas. Apunto mi celular y el personaje se mueve. Me habla. Me guiña el ojo.

Los artistas ahora son también programadores, estrategas de blockchain, diseñadores de experiencias. Y, sin embargo, siguen siendo bohemios. Solo que su lienzo es un servidor y su tinta, un código.

“Lo digital no divide. Une generaciones”

Quizá lo más impactante no es la tecnología, sino lo que genera. En un rincón, un abuelo comparte con su nieta su amor por “Star Wars”. En otro, un adolescente ayuda a su madre a programar un casco con luces. Nadie se queda afuera. Porque lo digital, cuando es bien usado, no excluye: conecta.

La era del geek ha llegado… y no hay marcha atrás

Comic Con Colombia 2025 no es una moda pasajera. Es un manifiesto cultural. Una demostración tangible de que el entretenimiento no es ocio: es identidad, es memoria, es futuro.

Los 27.000 a 35.000 pesos que vale una entrada no pagan un show. Pagan un viaje. Una expedición al corazón de lo que somos como especie: soñadores compulsivos, creadores de universos, contadores de historias.

“El futuro no llegará. Ya está aquí. Y lleva máscara de Spider-Man.”

“Sueña como si fueras inmortal. Vive como si fueras un avatar.”

(Cita libre, inspirada en James Dean y algún gamer anónimo)

“La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.” (Proverbio tradicional)


¿Y tú? ¿Estás listo para cruzar el portal o seguirás viendo desde la ventana?

AMOR Y OTRAS PALABRAS te romperá en silencio y sin permiso

¿Puede el primer amor cambiar tu destino una década después? AMOR Y OTRAS PALABRAS te romperá en silencio y sin permiso

El primer amor nunca se va, solo cambia de sitio. Así comienza AMOR Y OTRAS PALABRAS, y así lo sentí yo también al abrir sus primeras páginas, como si una vieja canción sonara al fondo y una herida conocida se reabriera con ternura. 💔

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Lo que Christina Lauren (que en realidad son dos) hacen con esta historia es tan sencillo como devastador: te tienden una trampa de nostalgia, de inocencia perdida y de decisiones que jamás terminan de curarse. La palabra clave aquí es amor, sí, pero no uno de esos amores de postal o con final garantizado. Este es un amor que se pudre lentamente en el recuerdo, que duerme, pero no muere, y que espera —once años— para ver si todavía hay algo que salvar.

El amor de antes, ese que fue primero, siempre encuentra una grieta para colarse”.

Macy Sorensen vive en una especie de burbuja profesional y emocional. Médica residente, comprometida con un hombre correcto, estable, funcional… Tan funcional que casi da miedo. Pero todo eso se resquebraja cuando reaparece Elliot Petropoulos, su primer amor, el que lo fue todo, el que compartía con ella libros, susurros, silencios y la vida misma. El que no entendió por qué ella desapareció. El que tampoco pudo explicarse.

Lo que viene a continuación no es lo que parece. No es la típica historia de reencuentros edulcorados ni un cliché reciclado. Es una reconstrucción emocional a fuego lento, alternando capítulos del pasado y del presente, entre una adolescencia casi mágica y un presente lleno de preguntas sin responder. Porque, como pasa en la vida, lo que no se dice pesa más que lo que se grita.

La belleza de lo no dicho y la fragilidad del silencio

Hay palabras que se guardan para siempre, y otras que nos destruyen por no haberlas dicho”.

Christina Lauren juega con esa tensión como quien afila un cuchillo. Nos muestra a dos adolescentes que se convierten en uno solo entre las páginas de un libro, entre confesiones nocturnas y la calidez de una casa compartida a medias. Pero también nos muestra a dos adultos desconectados, que se han hecho extraños, con cicatrices que nadie quiso mirar muy de cerca.

Lo curioso es cómo logran mantener el ritmo emocional sin caer en trampas fáciles. Porque esto no es una historia de “y vivieron felices para siempre”. Es una historia de “vivieron… pero no siempre felices”, de “¿qué hubiera pasado si…?”, de “todavía duele, aunque no debería”.

Y duele. Duele mucho.


Un amor retro que sabe a futuro

El tono del libro es profundamente íntimo, pero también tiene ese aire retro de los grandes amores que ya no se escriben así. De los que implicaban leer juntos tumbados en el suelo, compartir playlists hechas con CD’s y hablar durante horas sin mirar el móvil. Una historia donde el amor era un descubrimiento, no un algoritmo.

Y ahí está la fuerza: en ese romanticismo sin artificio, sin marketing de Instagram, sin finales artificialmente perfectos. Aquí todo lo que se siente es de verdad. A veces incómodo, a veces imperfecto. Como cuando un reencuentro no es un nuevo comienzo, sino una súplica para que el pasado no te destruya del todo.

¿Vale la pena arriesgar todo por una historia inconclusa?

Hay personas que no vuelven… pero tampoco se van”.

Macy y Elliot son eso. Una pausa larga entre dos vidas, una herida compartida que pide ser cerrada. Pero también un espejo de todas las veces que nos traicionamos a nosotros mismos por miedo, por dolor, por comodidad.

En AMOR Y OTRAS PALABRAS, el tiempo no es un enemigo ni un aliado: es simplemente un testigo mudo que espera a ver si todavía queda algo por decir.

Y vaya si queda.


“La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.”

(Proverbio tradicional)

“La vida no se mide por las veces que respiramos, sino por los momentos que nos dejan sin aliento.”

(Anónimo atribuido a múltiples autores)


El mejor momento para leerlo es cuando más miedo te dé hacerlo

Lo que más me sorprendió no fue la historia, sino lo que AMOR Y OTRAS PALABRAS me hizo sentir después de cerrarlo. Esa sensación de haber vuelto al pasado, de haberme reencontrado con una parte de mí que ya no recordaba. Me hizo pensar en esas personas que amé y no supe cómo, en las cartas que nunca envié y en las versiones de mí que enterré por miedo a no ser suficiente.

Y no fui la única.

Como bien dice una de las lectoras en Amazon:
“Es una historia de las que se cuece poco a poco. Bonita y muy bien escrita. De las que lees y paras para saborear lo que estás leyendo.”

Y otra más:
“Emoción es todo lo que expresa el libro en la construcción del pasado y futuro. Espero que quien lo lea sea con esperanza en el amor.”

No podría haberlo dicho mejor.


“Hay libros que se leen con los ojos, otros con el alma”

Este se lee con el alma. Porque no solo habla del amor, sino de la pérdida, del miedo, del arrepentimiento y de la belleza de no rendirse. Porque no siempre se trata de olvidar, sino de recordar sin que duela tanto. De perdonarse a uno mismo. De volver, aunque no se sepa cómo.

Puede que Macy y Elliot no te den todas las respuestas. Pero sí te dejarán con la sensación de que hay amores que no necesitan explicación. Solo necesitan tiempo. Y un poco de valor.


Amor y otras palabras es esa historia que llega tarde… pero llega justo cuando debe

¿Y tú?
¿Tienes también un amor que nunca se fue del todo?

La corrupción de Pedro Sánchez se ha convertido en superventas

¿Está el libro “El Número 1” desnudando al poder socialista?

La corrupción de Pedro Sánchez se ha convertido en superventas

Los libros sobre la supuesta corrupción del gobierno de Pedro Sánchez están arrasando en las librerías 📚.
Puede sonar como una ironía que, en plena era del desprestigio político, sean precisamente los relatos más críticos con el poder los que encabecen las listas de ventas. Pero así es. El fenómeno es real, palpable, incómodo. La palabra clave aquí es “corrupción”. Y sí, “corrupción” y “Pedro Sánchez” forman un binomio que ya no se reduce a un titular sensacionalista. Ahora ocupa estantes, charlas de sobremesa y páginas enteras de análisis en algunos de los libros más virales del presente.

«La historia la escriben los que ganan, pero la verdad la cuentan los que no se callan.«

No es casual que autores como Carlos Cuesta, Juan Luis Cebrián o Joaquín Leguina hayan decidido empuñar la pluma como si fuera una bayoneta. Lo que comenzó como una ola editorial tímida se ha convertido en un auténtico alud de tinta crítica contra el llamado sanchismo, ese término elástico que ya no solo alude a una figura política, sino a una forma de ejercer el poder. Y de rodearse. Y de blindarse. Y, según algunos, de enriquecerse.

image 2 Origen: El día que PEDRO SÁNCHEZ fue convertido en Don Teflón por The Times – NFW NEWS BY JOHNNYZURI

Libros que se convierten en expedientes

Carlos Cuesta, con su más reciente libro, “El Número 1”, no se anda con rodeos. Desde la portada —seca, frontal, provocadora— se lanza directamente contra Pedro Sánchez, apelando a un alias que, según la UCO, le daba el comisionista Víctor de Aldama. A lo largo del libro, desentraña con precisión quirúrgica una madeja de tramas políticas, favores cruzados, contratos sospechosos y amiguismos perfectamente hilvanados. Y lo hace con una retórica que mezcla periodismo de investigación con acusación literaria.

Lo interesante no es solo el contenido —que ya es bastante explosivo—, sino el momento. Porque este libro sale cuando el caso Koldo quema, cuando Cerdán dimite y cuando la Fiscalía sigue husmeando alrededor de Begoña Gómez. “El Número 1” no es solo un texto, es un espejo incómodo. Y eso se nota en las colas de firmas, en los debates televisivos, en los editoriales rabiosos y en la creciente sensación de que el escándalo no es solo mediático, sino estructural.

Pero Cuesta no empezó aquí. Su anterior trabajo, “El Gran Impostor”, ya dejaba claro que para él el socialismo moderno es “una demolición controlada” del sistema democrático español. Lo que parecía una hipérbole hace unos años, hoy muchos lo leen con otros ojos. Porque cuando la realidad empieza a parecerse a la ficción —o al menos al ensayo más cáustico—, uno ya no sabe si está leyendo un libro de historia o el sumario de un juzgado.

«El verdadero poder no se hereda ni se conquista, se camufla

Cuando las críticas vienen de dentro

A veces el golpe más certero no viene del adversario, sino del propio bando. Así ocurre con el libro “Pedro Sánchez. Historia de una ambición”, firmado por Joaquín Leguina, expresidente socialista de la Comunidad de Madrid. Leguina no necesita disfrazarse de opositor. Habla como quien ha estado dentro, ha escuchado, ha tragado y ha decidido que ya no podía callar más.

Lo llamativo es que este libro anticipa con sospechosa precisión algunos elementos del escándalo que hoy rodea a Begoña Gómez, la esposa del presidente. ¿Casualidad? ¿Premonición? ¿Información privilegiada? Quizás una mezcla de todo. Pero ahí está el texto, recuperado por medios y analistas como si fuera una pieza de orfebrería judicial.

Ética, posverdad y poder

En el rincón más elegante de esta tormenta de tinta se encuentra Juan Luis Cebrián, exdirector de El País, que con su libro “El Efecto Sánchez” ha dejado helados a muchos de sus antiguos compañeros ideológicos. Lejos del estruendo de Cuesta, Cebrián opta por una prosa reflexiva y dardera, afilada como una estilete antiguo. Su tesis es sencilla: Pedro Sánchez ha dilapidado los valores del socialismo tradicional para convertirse en un estratega de sí mismo.

Durante la presentación del libro, soltó una frase que todavía resuena: “El PSOE ya no es un partido, es una secta. Y amenaza con ser una mafia.” Ahí es nada. Que lo diga un periodista de la vieja escuela, un hombre que estuvo cerca del poder cuando el poder aún olía a puro y moqueta, da que pensar. Mucho.

“No lo sé, no recuerdo, no me consta”

El título más irónico y tal vez el más certero lo firma Alfonso Pérez Medina. Una recopilación de evasivas judiciales que se ha vuelto casi un estribillo en las comisiones parlamentarias y los platós. El periodista, curtido en tribunales, repasa dos décadas de podredumbre política nacional, incluyendo los ERE de Andalucía, el Tamayazo, el 3% catalán… y cómo no, los casos actuales que acorralan al PSOE.

“Fueron años en los que la corrupción lo invadió todo”, dice sin rodeos. Lo tremendo es que no se le puede desmentir fácilmente.

La telaraña del caso Koldo y el enredo de los contratos

Desde que estalló el caso Ábalos-Koldo-Aldama, las páginas de estos libros parecen cobrar vida. Más de 54 millones de euros en contratos de mascarillas bajo sospecha, nombres repetidos en los sumarios judiciales, llamadas interceptadas por la Guardia Civil… y una figura que flota como un espectro omnipresente: Pedro Sánchez, el “Número 1”.

Las ramificaciones son extensas. A este escándalo se suma el papel de Santos Cerdán, exsecretario de organización del PSOE, acusado por la UCO de gestionar comisiones desde la sombra en una red que tocaba desde Navarra hasta Madrid. Todo mientras el presidente decía sentirse “muy triste”. Como si la tristeza fuera una forma de exculpación.

¿La esposa del presidente en el foco?

Lo que empezó como una especulación ha terminado como un sumario abierto contra Begoña Gómez. La cátedra que dirigía, los cursos que organizaba, los empresarios que la patrocinaban, las adjudicaciones sospechosas… Todo bajo lupa. Y Pedro, el esposo, se tomó cinco días de “reflexión”, que algunos interpretaron como un ensayo de fuga sin maleta.

¿Puede un presidente liderar con independencia si su núcleo más íntimo está en el punto de mira? La pregunta sigue sin respuesta, pero los libros aportan —cada uno a su manera— muchas pistas.

“Lawfare” o transparencia

Lo más inquietante de este fenómeno literario-político es que nadie se pone de acuerdo sobre lo que está ocurriendo. Unos hablan de corrupción sistémica; otros lo llaman persecución política o “lawfare”. Entre medias, los jueces investigan, los medios discuten, y los ciudadanos oscilan entre la indignación y el hartazgo.

«Cuando el relato es más creíble que el comunicado oficial, el poder empieza a resquebrajarse

El auge de títulos como “El Número 1” o “El suicidio de España” no es solo una moda editorial. Es un termómetro de la desconfianza pública, un retrato de época. Quizás, como en toda novela negra, el desenlace no dependa del detective, sino del lector.

¿Quién escribirá el próximo capítulo?

El asunto es serio, el contexto es turbio y los libros son solo el principio. Si estos relatos tienen base, si las tramas son reales, ¿hasta dónde llegará el escándalo? Y si no lo son, ¿quién gana con este teatro político-judicial-editorial? ¿Quién sostiene el telón?

Porque cuando el poder se vuelve literatura, es señal de que la realidad ya está al borde de la ficción.

París es un llanto de mujer, de Ivonne Vega

No esperaba encontrarme con lo que encontré. A veces, un título te seduce, una portada te intriga, pero es el tono lo que te atrapa o te suelta. Y con París es un llanto de mujer, lo que me atrapó fue eso: el tono. Una voz que no te grita, que no te empuja, pero que se te mete por dentro con una mezcla rara de ternura y gravedad. Como quien te confiesa algo muy importante al oído, en voz baja, y te obliga a escuchar.

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La autora, Ivonne Vega, nos propone aquí mucho más que una historia de amor, o de duelo. Nos propone una lectura del pasado escrita desde el presente de alguien que aún está intentando entender lo que ocurrió. Y eso, en literatura, es poderoso. Porque no es solo lo que se cuenta, sino cómo se cuenta, desde qué lugar emocional se construye el relato.

La historia se sitúa en un punto de partida claro: la muerte de Ana María, una mujer que dejó huella en la vida de la narradora, Leonor. Y desde esa pérdida comienza el viaje. Un viaje hacia el recuerdo, hacia París, hacia el mayo del 68, hacia los afectos rotos, las promesas truncadas, los silencios prolongados. Pero lo que más me sorprendió fue cómo la autora convierte ese viaje íntimo en un reflejo colectivo. El duelo por Ana María no es solo personal, es también simbólico: representa a todas las mujeres que no pudieron contar su historia completa.

Mayo del 68, ese hito tan mencionado en libros de historia y clases de filosofía, suele contarse en clave épica, con nombres masculinos, consignas políticas y adoquines lanzados. Pero París es un llanto de mujer pone el foco en otro lugar. Aquí la revolución es de otro tipo. Es una revolución emocional, silenciosa, femenina. La de las que también estuvieron allí, pero en otros frentes: enseñando, leyendo, amando, resistiendo desde lo íntimo. Y eso es algo que este libro hace con una elegancia admirable: darle espacio a una memoria que ha sido ignorada o silenciada.

La narración avanza en fragmentos. A ratos parece una carta, a ratos un diario, a ratos una conversación. Pero en todo momento hay una verdad que pulsa por salir. Leonor, la narradora, escribe desde la culpa, desde el cariño, desde la necesidad de decir ahora lo que no se dijo entonces. El libro está impregnado de eso: de lo no dicho. De lo que pesó por años. De lo que se sospechó, se intuyó, se evitó. Y al hacerlo, nos muestra que la omisión también puede doler tanto como una herida abierta.

Hay algo profundamente simbólico en la estructura: una mujer que muere, otra que recuerda, otra que escucha. Ana María, Leonor, Cecilia. Las tres encarnan formas distintas de lidiar con el dolor, con el deseo, con la memoria. Pero también con el amor. Porque el amor aquí no es simple. No es un amor de novela rosa. Es un amor que hiere, que construye, que encadena. Que a veces libera y otras veces anula. Y esa ambivalencia está presente en toda la historia.

Me gustó especialmente cómo la autora retrata el entorno sin convertirlo en decorado. La escuela rural, el cementerio, la habitación en París, la imagen de los cerezos, los pupitres de madera… todo tiene textura, todo tiene cuerpo. Uno no solo «lee» esos lugares, los ve, los huele, los camina con los personajes. Y eso es mérito de una escritura que no busca deslumbrar, pero sí emocionar con recursos muy bien dosificados.

También hay una mirada política, pero sin panfleto. La crítica al machismo intelectual, a las relaciones de poder encubiertas bajo discursos progresistas, está ahí, clara, pero sin necesidad de subrayarla. Y eso hace que el mensaje sea más potente. Porque no se impone: se muestra. Se encarna en lo vivido por Ana María, en lo que calló Leonor, en lo que Cecilia se atrevió a decir.

Ivonne Vega consigue algo difícil: que te duela el corazón sin golpearte. Que llores sin sentirte manipulado. Que salgas del libro con más preguntas que certezas, pero con la sensación de que hiciste un viaje necesario. Porque al final, eso es lo que uno hace al leer esta novela: un viaje hacia una herida. Una que no busca cerrarse, sino recordarse. Para no repetirla. Para honrarla. Para entenderla.

Y aunque la historia se sitúa en el pasado, en esa Francia convulsa y llena de ideales, las emociones son tan actuales como el amor no correspondido, la culpa arrastrada, la amistad ambigua, el silencio forzado. Es una novela sobre una época, sí. Pero también sobre algo que no tiene época: la necesidad de reconciliarnos con lo que no pudimos hacer o decir.

En lo personal, terminé el libro con un nudo en el pecho. No por tristeza, necesariamente. Sino por esa especie de melancolía lúcida que dejan las historias bien contadas. Las que no necesitan gritar para que las sientas. Las que, como esta, hablan desde dentro.

París es un llanto de mujer no es solo una novela sobre la pérdida de alguien amado. Es una novela sobre lo que nos pasa cuando perdemos una parte de nosotros mismos en el proceso. Sobre cómo las relaciones nos marcan, nos deforman, nos enseñan. Y también sobre cómo —a veces tarde— encontramos las palabras para poner en orden el pasado.

Recomiendo este libro sin dudar. Para quienes buscan una lectura breve pero honda. Para quienes aman los relatos que no solo cuentan, sino que cicatrizan. Para quienes quieren entender que no toda revolución se hace en la calle: algunas ocurren en el pecho. Y en los libros como este.

¿Por qué es tan irresistible “PROHIBIDO MORIR AQUÍ”?

¿Por qué es tan irresistible “PROHIBIDO MORIR AQUÍ”? La novela vintage que reinventa la vejez con ironía y estilo inglés

«Prohibido morir aquí» suena a cartel mal colgado en la entrada de un hotel venido a menos, pero también a grito de guerra en una batalla silenciosa contra el olvido. La primera vez que escuché ese título, imaginé a un excéntrico millonario dictando normas en su casa de retiro. Y no me equivoqué tanto. Lo que encontré fue aún mejor: una comedia melancólica, con ese sabor inconfundible a narrativa retro, donde la vejez con humor no es una rareza, sino el corazón palpitante de la historia.

Hay novelas que llegan tarde y, por eso mismo, llegan con más fuerza. Esta es una de ellas. Prohibido morir aquí me atrapó sin hacer ruido, con esa elegancia discreta que solo poseen las obras verdaderamente atemporales. Y en su centro, la figura casi fantasmal de Elizabeth Taylor escritora —no, no la de los ojos violeta—, resucitando del olvido con una novela que no grita, pero deja huella.

Prohibido morir aqui

La escritora invisible que nos enseñó a mirar

Poca gente lo sabe, pero hubo una Elizabeth Taylor que no fue actriz. Nació lejos de Hollywood y murió sin escándalos. Una dama inglesa, tímida hasta el extremo, que escribía como si bordara encajes. Jamás se subió a un escenario ni acaparó portadas. Pero en la intimidad de su despacho —con vistas al jardín y una taza de té humeante— dio a luz algunos de los personajes más entrañables de la literatura británica del siglo XX.

Lo curioso es que fue olvidada por tener un nombre famoso, y no por falta de talento. Durante años, recibió cartas de admiradores equivocados pidiéndole autógrafos en bikini. Ella, con una sonrisa afilada, contestaba: «Mi marido dice que debería enviarles una foto y dejarlos boquiabiertos». Así era Elizabeth Taylor: una mujer que sabía reírse de sí misma, y también de los demás, con un sarcasmo suave como el terciopelo.

«La invisibilidad puede ser una forma de libertad», me decía una amiga mientras hojeábamos juntas su biografía. Y tenía razón. Lejos del bullicio editorial, Taylor tejió en silencio una obra delicada y profunda, hecha de miradas oblicuas y palabras contenidas. Nada de dramas exagerados. Solo vidas pequeñas que, al ser narradas con cariño, se vuelven enormes.

El hotel Claremont o cómo envejecer con estilo

Prohibido morir aquí transcurre casi por completo en un hotel para ancianos, ese tipo de lugares que suelen despertar pena o miedo. Pero en manos de Taylor, el hotel Claremont se convierte en un escenario casi teatral, donde cada huésped es un personaje de comedia inglesa con tintes existenciales. Imagínese un edificio con moqueta ajada, lámparas de pie cojeando, y una recepcionista que fuma a escondidas mientras sueña con jubilarse.

Allí llega Mrs. Palfrey, viuda reciente, digna y decidida a no dejarse vencer por la soledad. Quiere aparentar que tiene familia, que alguien la visita, que su vida sigue teniendo sentido. Lo que encuentra es un joven escritor bohemio que finge ser su nieto. Y a partir de ahí, comienza una farsa deliciosa que termina por revelarse más verdadera que la realidad misma.

«La ternura también puede ser fingida y aun así salvarnos», pensé al cerrar el libro. Porque eso es lo que logra Taylor: mostrarnos que incluso los afectos impostados, cuando se sostienen con cuidado, pueden transformar vidas.

“La melancolía no tiene por qué ser silenciosa”

Lo que más me fascina de esta novela es su humor contenido, esa manera de reírse sin necesidad de carcajadas. Como en los buenos salones de té ingleses, donde todo se insinúa pero nada se dice abiertamente. Aquí la comedia melancólica no es un oxímoron, sino un arte mayor. Taylor encuentra en las arrugas, las prótesis dentales y los silencios incómodos, un terreno fértil para cultivar belleza.

Y es que el verdadero escándalo no es envejecer, sino fingir que no lo estamos haciendo. En Claremont, cada gesto revela una estrategia de supervivencia. Desde los hombres que aún se ajustan la corbata aunque nadie los mire, hasta las mujeres que fingen entusiasmo ante la visita de un sobrino que nunca llega.

«Todo envejece salvo la nostalgia», me repetía mientras leía. Y ese es el núcleo de esta historia: el anhelo de un tiempo que nunca existió del todo, pero que, al recordarlo juntos, se vuelve más real que la propia vida.

Novelas olvidadas que hoy parecen más vivas que nunca

No es casual que Elizabeth Taylor escritora esté siendo redescubierta ahora. En un mundo saturado de excesos y fórmulas, su discreción resulta subversiva. Su forma de escribir, aparentemente clásica, es en realidad profundamente moderna. Como si Jane Austen hubiera sobrevivido al siglo XX con una ironía aún más afilada.

Y no está sola. Novelas como Memento Mori de Muriel Spark, o Quartet in Autumn de Barbara Pym, también han vuelto a circular entre lectores que buscan una vejez con humor, sin cursilerías ni golpes bajos. Hay algo profundamente retro y futurista en esas obras: retratan el pasado, pero lo hacen desde un ángulo que anticipa preguntas muy actuales.

¿Qué significa envejecer sin perder el estilo?
¿Es posible reinventar la familia con un perfecto desconocido?
¿Cuánto vale una conversación en la sala común de un hotel?

Cuando el decorado también cuenta la historia

El diseño del hotel Claremont no es solo un telón de fondo. Es casi un personaje. La moqueta, los sillones de orejas, los ascensores lentos… todo evoca un universo vintage, detenido en el tiempo, que refleja con precisión una forma de envejecer que mezcla elegancia con resignación.

Pero también hay una visión retrofuturista escondida entre las páginas. Claremont anticipa, sin saberlo, los hoteles del futuro: espacios pensados para el retiro, pero sin decadencia. Lugares donde la arquitectura emocional acompaña al cuerpo que se desgasta, sin humillar al que lo habita. Algo así como el hotel L’EssenCiel, en plena campiña francesa, donde diseño y cuidado van de la mano.

«Los buenos lugares no te rejuvenecen, pero te recuerdan quién fuiste».

El legado literario que nadie vio venir

Hoy, Elizabeth Taylor es leída con otros ojos. Como quien vuelve a una carta olvidada y encuentra en ella palabras que le faltaban. Su influencia se deja sentir en quienes están redescubriendo el placer de las novelas vintage, los personajes entrañables, y ese estilo inglés que parece hecho de porcelana y dinamita a la vez.

A veces me pregunto cómo sería nuestra literatura si hubiésemos prestado más atención a estas escritoras discretas, alejadas del ruido, pero llenas de mundos por compartir. ¿Y si lo verdaderamente moderno no fuese lo nuevo, sino lo bien hecho?


“La ironía puede ser un acto de amor”

“Envejecer también es una forma de resistencia elegante”

“Nunca se es demasiado viejo para fingir que alguien te espera” (Elizabeth Taylor)

“Quien olvida las novelas del pasado, se pierde el futuro de la literatura”


En estos tiempos en que todo se mide por su capacidad de viralizarse, «Prohibido morir aquí» nos recuerda que hay novelas que crecen en el silencio. Que la literatura británica aún guarda secretos en sus armarios antiguos. Y que a veces, lo verdaderamente emocionante no está en el giro final, sino en el gesto más mínimo: una taza de té, una mentira piadosa, una sonrisa a medias.

¿Y si el futuro de la literatura fuera vintage?
¿Y si la vejez fuera el nuevo terreno de la aventura?
Y si todo empezara, justamente, donde nos dijeron que ya no había nada que contar?

El jardinero y la muerte es una semilla que duele al florecer

¿Puede un jardín recordar a quien lo cuidó?

El jardinero y la muerte es una semilla que duele al florecer

El jardinero y la muerte no es un libro sobre la muerte. O, al menos, no es un libro sobre esa muerte que los notarios firman y los médicos constatan con mirada de mármol. Es un libro sobre otra cosa, algo más silencioso y más cruel. Algo que tiene que ver con los días en los que el mundo se apaga a cámara lenta mientras uno aún respira. GOSPODINOV, con una escritura que se parece más a un susurro que a una proclama, cuenta lo que muchos prefieren no mirar. No hay morbo, no hay consuelo, no hay redención. Solo la desnudez brutal del amor que no sabe despedirse.

Mi padre era jardinero. Ahora es jardín.” Con esa frase que parece escrita con tierra húmeda, Gueorgui Gospodínov abre un abismo. Y yo me lancé de cabeza.

Cuando los héroes se mueren de a poco

Hay algo especialmente desgarrador en ver cómo mueren los padres. No es solo la tristeza —que es mucha—, sino la absurda incredulidad. Es como ver un roble arder en cámara lenta. Es como si el mundo se olvidara de su lógica. En el caso del padre de Gospodínov, el fuego fue la enfermedad. Un lento crepitar que quemaba sin ruido, pero con una persistencia implacable.

Gospodínov lo acompañó en cada minuto. Lo sostuvo, lo cuidó, le escuchó los silencios. Porque sí, el padre era un hombre callado. Pero no un callado cualquiera: un hombre que callaba como quien poda. Que elegía las palabras como quien elige qué flor dejar viva en la maceta. Y que, sin embargo, era también un narrador sublime. Esa contradicción —padre callado, contador de historias— recorre todo el libro como una broma íntima y triste.

“No es la muerte lo que duele. Es verla venir.”

Verla, sentirla, olerla incluso. Porque la muerte, en este libro, tiene textura. Tiene olor a desinfectante, sonido de sábanas de hospital, forma de mirada ida. Pero también tiene luz de amanecer, tiene sabor a fresa, tiene el peso invisible de una infancia que no termina de irse.

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Entre fresas, hospitales y un adiós que no se dice

Hay una imagen que se repite en la memoria del narrador: los campos de fresas. Las fresas como metáfora del tiempo robado, de la niñez que aún susurra bajo las uñas. El padre recogía fresas. El hijo recordaba. En el medio, una vida entera.

Pero no se dice adiós como en las películas. Aquí no hay grandes discursos ni lágrimas en primer plano. Aquí hay cuidado, rutina, presencia. El autor sostiene la mano de su padre día tras día. Y eso basta. Porque en ese gesto —tan simple, tan brutal— hay más amor que en cien poemas. El amor real, el que no habla pero no se va.

Y entonces, ¿cómo se despide una vida en sus últimos días? La respuesta de Gospodínov no es una respuesta. Es una pregunta que se muerde la cola. Porque quizá no se despide. Quizá solo se acompaña. Quizá se queda uno muy quieto al lado del que se va, esperando que el silencio no lo devore todo.

El último espejo: la mirada del hijo

Hay una escena que me dejó sin aliento. El padre, en su lecho, apenas reconocible por la enfermedad, aún es visto por su hijo como “el más alto, el más guapo, el más amable”. Esa frase me golpeó como un ladrillo envuelto en flores. ¿Seguimos viendo a nuestros padres con los ojos del niño que fuimos, incluso cuando ya no pueden ni hablarnos?

La muerte del padre es también el derrumbe del mito. Porque los padres son nuestros primeros dioses. Nos levantan en brazos y desde ahí creemos que el mundo es conquistable. Luego crecemos, discutimos, nos alejamos, nos decepcionamos… pero algo queda. El niño que fuimos sigue mirando desde dentro. Y cuando muere el padre, ese niño se queda huérfano otra vez.

El jardín donde todo termina

Ese hombre que fue jardinero termina convertido en jardín. No como metáfora dulce, sino como verdad inquietante. El cuerpo vuelve a la tierra. El hijo siembra con palabras la memoria de su padre. Y lo hace sin solemnidades, sin buscar consuelo en frases grandilocuentes.

El libro no ofrece respuestas. No pretende iluminar el camino del duelo. Solo se sienta a nuestro lado, con una taza de té frío y un montón de recuerdos embarrados. Y eso, créanme, es mucho más valiente que cualquier manual de autoayuda.

“Los que nos recuerdan como niños son nuestra última raíz.”

Y cuando esa raíz se corta, algo se tambalea. No solo se va un padre: se va el único testigo del niño que fuimos. El último en recordarnos sin ironías. El último que sabía cómo era tu voz antes de que aprendieras a disimularla.

El peso del silencio entre hombres

El silencio es otro protagonista de este libro. El silencio entre padres e hijos. Ese muro invisible hecho de orgullo, de torpeza emocional, de frases no dichas. Gospodínov no lo juzga. Solo lo muestra. Porque ese silencio también es amor. Un amor torpe, sí, pero amor al fin.

El padre callaba, pero también contaba historias. Lo hacía con gestos, con acciones, con alguna frase suelta que se convertía en leyenda familiar. Y en ese contraste, el hijo encuentra la clave. Quizá no necesitamos que nos digan “te quiero” si nos traen fresas recién cogidas.

¿Dónde termina un padre cuando se va?

No en la tumba. No en la fotografía que ponemos en el salón. Termina —o empieza, mejor dicho— en los gestos que nos deja. En la manera en que regamos las plantas. En la forma en que cortamos el pan. En ese consejo que nos sorprende repitiéndose en nuestra boca años después.

Gospodínov no escribe para cerrar heridas. Escribe para nombrarlas. Y en eso, su libro se parece a una herida que se niega a cicatrizar porque aún guarda algo importante dentro.

“La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.” (Proverbio tradicional)

Cuando el jardín florece en nosotros

El final no es el fin. No al menos para el que recuerda. Y ese es el gesto último del hijo: convertir al padre en jardín. Hacer que crezca en las páginas. Hacer que su silencio se vuelva voz, que su cuerpo enfermo se vuelva memoria fértil.

No hay consuelo. Pero hay belleza. Y a veces, eso basta.

“El amor verdadero es el que no pide palabras.”

¿Quién recoge ahora las fresas de nuestra infancia?

El jardinero y la muerte no es un libro para leer a la ligera. Es un libro para sostener entre las manos como se sostiene la mano de un moribundo: con respeto, con miedo, con amor. Porque al final, lo que más duele no es que los padres se mueran. Lo que más duele es que ya no haya nadie que nos mire como el niño que fuimos.

Y ahora dime tú: ¿Quién guarda la memoria de tu niñez? ¿Quién será tu jardín cuando ya no estés?

MEMORIAS DE TIERRA NUEVA: El libro prohibido que cambió la humanidad

¿Qué secretos esconde MEMORIAS DE TIERRA NUEVA en sus primeros sellos? El libro prohibido que cambió el destino de la humanidad

Explorar MEMORIAS DE TIERRA NUEVA es adentrarse en un terreno donde la palabra se vuelve hechizo, y el recuerdo, sentencia. 🌌

Hace tiempo caí en manos de un libro extraño, uno de esos que parecen esperar al lector en vez de ser encontrados. No tenía portada llamativa ni sinopsis fácil, pero algo en el título —Los primeros sellosme quemaba los dedos. Era como si aquellas palabras hablaran de un principio antiguo, anterior incluso a cualquier relato conocido. Así fue como me sumergí en el tercer tomo de la saga Memorias de Tierra Nueva, de Tulio Dávila. Y cuando digo “me sumergí”, no es una metáfora: entré como quien cruza un umbral sellado con fuego y viento. Salí transformado, y un poco más confuso sobre qué parte de seguía aquí y cuál había quedado atrapada allá adentro.

La palabra clave es clara: MEMORIAS DE TIERRA NUEVA. Pero no se trata solo de recuerdos, sino de esas memorias que fundan mundos. Lo curioso es que la saga no pide fe, sino memoria activa. Y eso, en estos tiempos tan amnésicos, es ya un acto de resistencia.

Una guardiana, un libro prohibido y una grieta en el tiempo

La memoria es una criatura salvaje. Si no la domesticas, te devora.” Esta frase —que podría estar grabada en piedra en algún rincón de Tierra Nueva— define bien el espíritu del libro. La protagonista, una guardiana de las memorias, no es heroína ni villana: es testigo. Custodia una de las tres copias del libro prohibido que narra guerras perdidas antes de haber sido libradas, alianzas imposibles y traiciones tan viejas que ya parecen parte del paisaje. El libro que guarda no solo es un objeto. Es un mapa, un oráculo, una maldición.

Pero también es una trampa.

La trama avanza como el cauce de un río antiguo que se desborda cuando uno menos lo espera. Y allí está ella, la guardiana, preguntándose si custodiar la historia es también escribirla, o si es solo repetir el eco de una voz ya extinta. Es un dilema tan viejo como la literatura misma, pero también nuevo cada vez que lo enfrentamos.

El pasado no es lo que fue, sino lo que aún quema.” (Tulio Dávila lo insinúa en cada línea.)

¿Retro o futuro? Ambos, y ninguno

Hay quienes creen que el estilo de Tulio Dávila bebe de la literatura pulp de los años 50, con sus héroes de mandíbula cuadrada y tramas radioactivas. Algo de eso hay, pero sería quedarse corto. Los primeros sellos es más complejo. Tiene la estructura clásica de la alta fantasía, sí, pero envuelta en un tono retrofuturista que haría salivar a cualquier diseñador gráfico obsesionado con la ciencia ficción soviética o el art déco cósmico.

Los escenarios no están descritos, están evocados. Uno no “lee” un párrafo; lo recuerda como si ya lo hubiera vivido en un sueño. Hay un continente maldito, claro, y criaturas que se despiertan tras siglos de silencio. Pero también hay una especie de pátina antigua que recubre todo el texto, como si el libro mismo fuera una reliquia rescatada de un futuro que aún no llega.

Todo futuro que se respeta empieza como un mito.”

Tulio Dávila y la alquimia del estilo

No si Tulio Dávila es más mago o arquitecto. Lo que es que no escribe como quien lanza palabras, sino como quien cincela visiones. Cada frase está cargada de una intensidad contenida, como si hubiera sido escrita durante una tormenta. Hay algo inevitablemente épico en su estilo, pero también una melancolía muy íntima, casi nostálgica.

En esta tercera entrega, se atreve a jugar más con la oscuridad, pero sin caer en la caricatura gótica. Aquí lo oscuro es lo olvidado. Lo que nadie quiere recordar, pero que persiste en los márgenes del alma. Y eso es mucho más aterrador que cualquier monstruo de tres cabezas.

El ritmo es pausado, pero no lento. Avanza como un ritual. Y como todo ritual, exige algo del lector: paciencia, entrega, memoria.

La saga como brújula y espejo

He leído muchas sagas fantásticas, pero pocas con la coherencia mitológica de Memorias de Tierra Nueva. Cada libro parece cerrar un ciclo, pero abrir dos más. Y eso no es un error, es una virtud. Porque esta historia no quiere llevarte a un punto final. Quiere que te pierdas dentro de ella. Que la uses como un espejo, pero también como brújula.

Es curioso que una obra tan cargada de elementos “fantásticos” tenga tanto que decir sobre nosotros, los de carne y hueso. Sobre nuestras decisiones, nuestras culpas, nuestras nostalgias. Sobre esa necesidad absurda de querer recordar lo que aún no hemos vivido.

Lectores al borde del abismo narrativo

Las reseñas no mienten: hay entusiasmo, sí, pero también vértigo. Algunos lectores hablan de “carrusel de emociones”. Otros de “prosa profética”. Todos coinciden en algo: esta saga no te acaricia, te empuja. Te obliga a mirar lugares oscuros, pero también a descubrir luces nuevas. No es una historia cómoda, y eso es lo que la hace memorable.

Leer esta saga es como mirar directamente al corazón de un oráculo.”

Lo retrofuturista como necesidad, no como moda

¿Se está poniendo de moda lo retrofuturista? Tal vez. Pero en el caso de Tulio Dávila, no es pose. Es necesidad. Su narrativa no juega a parecer antigua ni a vestirse de futuro: se instala justo en el punto ciego entre ambos. Y desde allí lanza su hechizo. Un hechizo que tiene algo de rito ancestral y algo de interfaz holográfica.

Porque al final, ¿qué es más retrofuturista que una historia sobre un libro antiguo que puede reescribir el porvenir?

Y ahora, ¿qué sigue?

Quedan preguntas abiertas, claro. ¿Qué pasará con la guardiana? ¿Qué harán los hechiceros que regresan desde la frontera del olvido? ¿Se puede romper un sello sin desatar una maldición? Tulio Dávila no responde. Solo deja pistas. Y eso es lo que lo convierte en autor de culto.

Una advertencia final (y un deseo)

Si decides adentrarte en Los primeros sellos, no esperes respuestas. Espera transformaciones. Este libro no se lee: se atraviesa. Como un desierto. Como una profecía. Como una cicatriz.

Hay libros que te enseñan a recordar. Este te obliga a no olvidar.”


La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.” (Proverbio tradicional)

Lo que fue, será de nuevo. Y lo que será, ya fue.” (Eclesiastés, 1:9)


¿Y si este libro estuviera escribiendo tu propia historia mientras lo lees?
¿Estás preparado para descubrir qué parte de ti aún recuerda el futuro?

¿Puede la ARQUEOLOGÍA CULINARIA reescribir la historia mejor que los libros?

¿Puede la ARQUEOLOGÍA CULINARIA reescribir la historia mejor que los libros?

El pasado se cocina a fuego lento con sal, aceite y mentiras

La ARQUEOLOGÍA CULINARIA es una trinchera contra el olvido, una cuchara hurgando en los huesos de la historia 🍷🍞.
Quien haya dicho que el pasado está muerto, nunca se sentó a cenar con Andreas Viestad en el Campo de’ Fiori. Allí, entre cucharadas de carbonara y sorbos de vino tinto, descubrí que el pan tiene más memoria que muchos archivos, que la sal fue más codiciada que el oro, y que el azúcar, esa dulzura aparente, oculta un reguero de sangre que todavía chorrea por las páginas invisibles de la historia de la gastronomía.

«Una cena en Roma» no es un libro de recetas. Es un conjuro, un viaje sensorial, un mapa de guerra y deseo cocinado a fuego lento.
La arqueología culinaria, ese extraño oficio que mezcla cuchillos con pinceles, arqueólogos con cocineros y comensales con detectives, se revela aquí como un método para recuperar lo que los manuales de historia no se atreven a digerir. Porque si el arte imita a la vida, la comida la contiene. Y nadie puede escapar de su estómago.

978841018339

El sabor del Mediterráneo es más antiguo que el alfabeto

La dieta mediterránea no nació por moda ni por salud, sino por necesidad, azar y conquista. En sus ingredientes caben milenios de comercio, invasiones, trueques, migraciones y supersticiones. Cuando muerdes una aceituna, estás masticando al fenicio que la trajo, al romano que la plantó y al árabe que la perfeccionó. El Mediterráneo fue, mucho antes que mar, mercado. Una sopa infinita de pueblos y promesas.

«El pan, el aceite y el vino son evangelios comestibles»
Los griegos adoraban el trigo como don divino. Los romanos convertían el vino en voto político. Los árabes convirtieron el aceite en ciencia y medicina. Esta trilogía alimentaria, aparentemente simple, sostiene la identidad de millones, pero también las guerras, las hambrunas, las migraciones y los mitos. Lo que hoy vemos como cocina saludable fue en su origen un arte de sobrevivir con lo que había. Un lujo disfrazado de humildad.

El imperio de la sal y su peaje en sangre

¿Quién hubiera imaginado que una roca blanca sería motivo de rebeliones, rutas y salarios? En la Roma antigua, la sal valía tanto como el oro. El propio término salario viene de ahí, de pagar a los soldados con algo que evitaba la putrefacción de la carne y garantizaba la supervivencia en campaña.

«Sin sal no hay imperio. Solo corrupción y carne muerta.»
La Vía Salaria no es solo una carretera antigua, es la arteria económica de un mundo que aprendió a domesticar la naturaleza a fuerza de trincharla. Quien controlaba las salinas, controlaba el hambre y, por tanto, el poder. En tiempos de paz y en tiempos de guerra, la sal fue la moneda que nadie cuestionaba. Incluso las rebeliones más sangrientas se sazonaban con ella.

Azúcar: ese veneno dulce con cadenas invisibles

El caso del azúcar es más perverso. Porque mientras que la sal salvaba vidas, el azúcar las encadenó. La arqueología culinaria nos recuerda que el postre es a menudo el remate de una tragedia. La obsesión europea por lo dulce activó la maquinaria más inhumana del comercio global: el tráfico de esclavos. Millones de africanos fueron arrancados de sus tierras para endulzar las sobremesas de los palacios.

En cada terrón, una historia de latigazos y sudor.
Las plantaciones en el Caribe, Madeira o Brasil no solo producían azúcar; producían riqueza, sí, pero también barbarie. Mientras los nobles europeos saboreaban sorbetes, las manos que lo cultivaban se pudrían entre cañas y látigos. Nunca un capricho costó tanto. Nunca el placer fue tan culpable.

La carbonara no es solo una receta, es un manifiesto

A primera vista, la pasta carbonara podría parecer un plato más, uno de esos que Instagram ha convertido en fetiche visual. Pero bajo su aparente sencillez se esconde una identidad en disputa. Hay quien dice que nació en los campamentos de los carboneros, hombres recios que necesitaban calorías sin complicaciones. Otros defienden que fue invento de los soldados americanos durante la Segunda Guerra Mundial, con huevos en polvo y bacon.

«La carbonara es el himno no oficial de Roma»
Sea cual sea su origen, lo cierto es que la verdadera receta —sin nata, sin ajo, sin adornos innecesarios— representa una resistencia. Es la defensa de un estilo de vida, de una cultura que no se deja moldear por las modas globales. En cada tenedor se cuela el orgullo de una ciudad que no olvida que cocinar es también escribir historia con las manos.

Los secretos están en los restos, no en las palabras

La arqueología culinaria no se basa en textos, sino en residuos. En ollas rotas, en semillas carbonizadas, en fragmentos de hueso y grasa adherida a una vasija. Se trata de leer el pasado como si fuera un estofado olvidado en la lumbre. Las herramientas del arqueólogo-cocinero son variadas: biomarcadores químicos, microfósiles, análisis isotópicos… pero también intuición, comparación y olfato.

Donde un historiador ve un plato roto, un arqueólogo culinario ve una cena, una familia, un rito.
Con esas pistas reconstruyen banquetes, epidemias, rutas comerciales y hasta tabúes religiosos. Porque el estómago no miente. Y nuestros ancestros, como nosotros, se sentaban a la mesa con más miedo que hambre. Allí compartían, se peleaban, hacían pactos y despedían a los muertos.

Cuando los ingredientes cuentan más que los monumentos

Hay ruinas más sabrosas que los templos. Un molinillo desgastado por el uso, un horno comunal escondido entre piedras, una ánfora manchada de aceite… son testigos más elocuentes que cualquier columna. La cultura alimentaria ha sido durante siglos un archivo silencioso. Y ahora, gracias a la arqueología culinaria, empieza a hablar.

«Cada ingrediente es un testigo que sobrevivió al olvido»
Lo que comemos, cómo lo cocinamos y con quién lo compartimos define mucho más que nuestras preferencias: define nuestra manera de estar en el mundo. Desde la cazuela de barro hasta la cocina molecular, cada plato es una carta escrita con fuego y paciencia.

El plato como máquina del tiempo

La próxima vez que te sirvas pan con aceite y un poco de sal, no lo subestimes. Estás masticando historia. Puede que no sepas qué pueblo trajo el olivo, ni qué legión protegía las salinas, ni qué poeta lloró por el trigo perdido, pero tus papilas sí lo saben. La arqueología culinaria lo confirma: todo está ahí, en el sabor, esperando ser entendido.

“Quien olvida lo que comió, no sabe quién es” (dicho popular del sur de Italia)


La dieta mediterránea es una autobiografía compartida

Los ingredientes históricos son más elocuentes que los documentos oficiales

Roma antigua alimentó su poder más con trigo y sal que con espadas


¿Y si el futuro de la historia estuviera en los fogones y no en los libros?
Quizás debamos dejar de buscar la verdad en los discursos y empezar a paladearla. Porque mientras sigamos comiendo, la historia no habrá terminado de escribirse. ¿Y tú, qué historia estás cenando hoy?

Puedes explorar más sobre el fascinante libro que inspiró este viaje accediendo a “Una cena en Roma” de Andreas Viestad.
Y si buscas tu ejemplar, puedes encontrarlo en Tipos Infames, Machado Libros o Zenda.

CARTA DE UNA DESCONOCIDA y el amor que no sabe morir

¿Puede una pasión retro cambiar tu futuro CARTA DE UNA DESCONOCIDA y el amor que no sabe morir

El amor secreto de Carta de una desconocida no se olvida fácilmente. Es una llama que arde sin oxígeno, un susurro escrito en papel que sobrevive al olvido. A veces me pregunto cuántas cartas como esa han terminado en la basura sin abrir, sin sospechar que dentro llevaban una vida entera. Pero esta no. Esta sí fue leída. Esta sí dolió. Esta se quedó para siempre.

Leer Carta de una desconocida en Kindle es como abrir un relicario digital, donde en vez de flores secas hay palabras húmedas de emoción. Stefan Zweig no escribió una historia, escribió una confesión en llamas. El tipo de historia que te deja sin aliento aunque ya sepas el final. El tipo de historia que ocurre en silencio, mientras el mundo afuera ni se entera de que alguien está ardiendo por dentro.

👉 Puedes leer la versión Kindle de «Carta de una desconocida» en cualquier dispositivo. La carta te está esperando.

El alma de Viena y el corazón de todos

Vienna, esa ciudad que parece un vals convertido en arquitectura, sirve de escenario para esta tragedia íntima. Pero el lugar es lo de menos. Porque cuando alguien te escribe una carta así, no importa en qué ciudad estés. Podría haber sido París, Buenos Aires o una cafetería olvidada de un pueblo fantasma. Lo importante es que la carta llegó. Y que él no sabía nada. O al menos eso dice.

Zweig lanza un dardo envenenado al centro del alma masculina: el olvido. Ese olvido que no siempre es inocente. ¿De verdad nunca la reconoció? ¿Nunca vio en sus ojos la tormenta? En su silencio hay algo más que ignorancia: hay comodidad, hay ego, hay un mundo que gira alrededor de sí mismo.

La estructura epistolar le da al relato una fuerza cruda. No hay réplica posible, no hay salvación. Solo la voz de ella, que ya no espera respuesta. El amor ya se ha convertido en ceniza, pero sigue caliente. Como esas brasas que, si las soplas, te queman de nuevo.

“Lo he amado desde que era una niña y usted nunca lo supo”. Esa frase, así, sin maquillaje ni rodeos, tiene más fuerza que cualquier declaración de Hollywood.

La belleza de lo invisible

Zweig entendía el arte de lo invisible. El amor que no se muestra, el dolor que no se grita, la vida que se entrega sin pedir nada. Esa mujer sin nombre, sin rostro, sin derechos siquiera sobre sus recuerdos, es más poderosa que cualquier heroína de novela rosa. Porque no lucha por ser vista: ella ya fue todo sin que él lo notara.

Pero también hay algo inquietante en esa devoción ciega. Algo que nos incomoda, que nos hace preguntarnos: ¿hasta qué punto puede alguien amar sin ser amado? ¿Es amor o es castigo? ¿Es libertad o esclavitud?

Zweig no responde. Nunca lo hacía. Solo te pone el espejo delante. Y el lector decide si ve ternura o locura. O ambas cosas al mismo tiempo.

Del papel al pixel sin perder el alma

La edición Kindle de Carta de una desconocida tiene un aire retrofuturista. Como si una emoción antigua encontrara una cápsula del tiempo moderna para seguir latiendo. Leerla en pantalla no le quita ni un gramo de peso. Al contrario. La intimidad de una lectura nocturna, en la cama o en un rincón del metro, hace que las palabras de esa mujer anónima parezcan susurradas directamente al oído.

En este formato, la carta adquiere la textura de un mensaje enviado al vacío digital. ¿Cuántos mensajes hemos escrito sin respuesta? ¿Cuántos «visto» han dolido más que un portazo? La obra de Zweig, escrita hace más de cien años, parece entender mejor que nadie el alma del siglo XXI.

«El silencio también responde, y a veces, con crueldad». Esta podría ser otra frase de la carta. O un tuit desesperado en plena madrugada.

Cuando el cine se volvió carta

La historia de Carta de una desconocida llegó al cine en 1948, dirigida por Max Ophüls. Una adaptación que logró captar la delicadeza y la tragedia del relato original, envolviendo cada plano con un perfume a despedida. Es una de esas películas que no ves: la escuchas. Porque cada palabra está cargada de adiós, como si incluso la luz supiera que el final está cerca.

Zweig escribía con imágenes. Cada escena de su relato podría ser un plano de cámara. Y no una cámara nerviosa, de esas que todo lo sacuden, sino una que observa, que respira, que se detiene en un gesto mínimo. Como cuando ella ve al escritor pasar junto a su hijo sin reconocerlo. Esa es una puñalada sin sangre. Y aún así, duele más.

El amor vintage que sigue latiendo

En tiempos de notificaciones, filtros y «me gusta», Carta de una desconocida suena a amor sin interfaz. No hay emojis. No hay recibos de lectura. Hay solo una mujer que ama hasta el hueso. Y un hombre que nunca se dio cuenta. O que prefirió no darse cuenta.

Ese anonimato, que en su época era castigo, hoy parece un arte. Porque amar sin nombre es resistir al ego. Es ofrecer sin esperar. Pero también es perderse. Es desaparecer. ¿Y quién quiere desaparecer por amor? Bueno, parece que ella sí.

Zweig, con su mirada de romántico desencantado, nos recuerda que no todo debe tener explicación, que hay pasiones que simplemente son. Como una melodía que no puedes dejar de tararear aunque no sepas de dónde vino.

“A veces, el amor más grande es el que nunca se dice en voz alta”.

Ecos del pasado, preguntas del futuro

En la figura de esa mujer, Zweig anticipa un tipo de personaje femenino que luego se convertiría en leyenda: la que ama desde la sombra, pero no se victimiza. No busca ser salvada. Solo quiere ser escuchada. Al menos una vez. Al menos en una carta.

Hay algo profundamente moderno en eso. Porque, aunque su lenguaje sea de otra época, su dilema sigue siendo el nuestro. ¿Cómo se vive con una emoción que no tiene a dónde ir? ¿Dónde se guarda un amor que nadie quiere recibir?

Y entonces llega la carta. Ese intento desesperado por no desaparecer del todo. Por dejar una huella, aunque sea de tinta.


“El alma tiene lugares que la razón no puede tocar” (Pascal)

Leer Carta de una desconocida es abrir la caja negra de un corazón estrellado.
Stefan Zweig escribió el amor más antiguo con palabras que aún parecen nuevas.
La pasión en silencio también hace ruido, y a veces, más del que creemos.

¿Todavía se puede amar así en la era de las pantallas?

Leer Carta de una desconocida hoy no es un ejercicio de nostalgia: es una experiencia de resistencia emocional. Una forma de recordar que hay pasiones que no tienen algoritmo. Que no todo puede ser explicado ni clasificado. Que hay cartas que no llegan a tiempo, pero aun así, llegan.

¿Te atreves a leerla sabiendo que tal vez no quieras olvidarla nunca?
Quizás tú también hayas sido esa desconocida.
O ese escritor que no recuerda nada.
Quién sabe.

La herida que sangra en voz alta se llama ADIÓS, PEQUEÑO

¿Quién teme decir Adiós, pequeño sin romperse por dentro? La herida que sangra en voz alta se llama ADIÓS, PEQUEÑO

Adiós, pequeño es una confesión que late entre líneas, un susurro prolongado que se escucha mejor en silencio 🎧.

Hay libros que se leen, y otros que se viven. Adiós, pequeño, de Máximo Huerta, es de esos que se instalan en el alma como una mudanza que nunca termina.

Un libro que no solo se escucha —porque en Audible lo narra el propio autor con una ternura que da escalofríos— sino que se respira. Escrito con la precisión de un cirujano y la sensibilidad de quien ha amado más de lo que ha sido amado, este relato es una cicatriz abierta con forma de memoria. No hay vuelta atrás una vez que entras. Y tampoco querrás salir.


Todo comienza con un mazazo emocional que no necesita rodeos: “Mi madre habría sido más feliz si yo no hubiera nacido.”

Esa frase no se lee. Te la lanzan. Como un dardo sin advertencia, como esas verdades que a veces solo nos decimos en voz baja cuando ya no queda nadie cerca. Y así empieza este recorrido por la biografía emocional de un hijo que cuida a su madre enferma mientras repasa, fragmento a fragmento, las ruinas —y los tesoros ocultos— de su infancia.

Hay una perrita, sí. Se llama Leo y está ahí como una guardiana peluda de los momentos donde la ternura parece un lujo. Leo representa eso que no falla cuando todo lo demás tambalea. Y si crees que eso es solo un detalle tierno, es porque no has leído el libro. O no lo has escuchado en voz de Máximo. Porque cuando él dice “Leo”, parece que estuviera acariciándola.

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La España que aún huele a lejía y recuerdos sin decir

La historia está anclada en una España que todavía huele a cocina con baldosas frías, a televisión en blanco y negro y a esas frases de madre que resumen toda una filosofía vital: “Quien bien te quiere te hará llorar”. Buñol y Utiel no son solo escenarios: son dos tiempos distintos de la misma herida. El presente de la enfermedad, el pasado del abandono. La decadencia del cuerpo, la nostalgia de lo que pudo haber sido. Máximo Huerta no solo recuerda. Reescribe lo vivido. Intenta, sin éxito pero con belleza, comprender lo incomprensible: por qué los que más deberían querernos, a veces son los que más daño nos hacen sin quererlo. O peor: queriéndolo un poco.

«Lo más difícil no es perdonar a los demás. Es perdonar el cariño mal dado.«

El autor es experto en eso que tan poco se nombra pero tanto se siente: la culpa heredada. Esa que uno arrastra como una herencia sin testamento. En su novela, los silencios hablan y los objetos tienen memoria. Una bata vieja puede decir más que mil cartas. Un gesto fugaz, más que toda una conversación.


Cuando la voz del autor rompe las reglas del audiolibro

En Audible, donde el audiolibro está disponible narrado por él mismo, Huerta se convierte en el guía perfecto de su propio laberinto emocional.

Hay algo profundamente íntimo en escuchar su voz quebrarse en ciertas frases. Como si cada palabra fuera una confesión que nos entrega sin condiciones. Eso no se actúa. Eso se siente. Y ahí está el truco del audiolibro: no es solo una lectura, es una interpretación de su propio dolor, con pausas exactas y un tono que no necesita más efectos especiales.

Claro que es triste. Pero también bello. Es introspectivo, sí. Pero también profundamente humano. Y si alguien te dice que es demasiado nostálgico, es porque probablemente no ha tenido el valor de sentarse a mirar sus propios fantasmas a la cara.


“El pasado no se supera. Solo se aprende a convivir con él.”

Adiós, pequeño ha sido celebrado por la crítica y el público. Algunos lo acusan de ser excesivamente melancólico. Yo diría que es honestamente melancólico. Hay una gran diferencia. Porque aquí no hay poses ni dramatismos de escaparate: hay una verdad que se arrastra desde la infancia y que apenas ahora se puede decir sin temblar. El dolor no se sublima, se abraza. Como se abraza a una madre que no supo quererte como querías, pero lo intentó como pudo.

Y aún así, hay ternura. Hay detalles mínimos —una cucharada de arroz, una toalla doblada, un gesto torpe— que convierten a esta novela en una especie de altar laico al afecto disfuncional.


Para los que coleccionan cicatrices con olor a retro

Este libro no es para todos. Y eso es una buena noticia. Es para quienes saben que la infancia no termina nunca. Que la memoria es caprichosa, sí, pero también justa a su manera. Que la nostalgia no es debilidad, sino una forma de resistencia. Para los que guardan cartas en cajones que ya nadie abre. Para quienes crecieron entre madres que no sabían decir “te quiero” pero lo cocinaban en cada lenteja.

«Algunas madres aman con miedo. Y los hijos crecen con hambre de amor no dicho.»

El lector vintage, el que saborea los textos como si fueran caramelos de anís, va a encontrar en este libro un festín de sensaciones. Aquí la memoria no se narra: se mastica. Es una novela sensorial, escrita con el mismo cuidado que se pone al doblar una sábana bordada de los años 70. Y el audiolibro no es un extra: es la mejor manera de entrar en esta historia.


“Lo que no se dice se queda viviendo entre los muebles”

“La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.” (Proverbio tradicional)

En un panorama literario saturado de egos disfrazados de personajes, Huerta se la juega a pecho descubierto. No hay escudos ni disfraces. Es él, con su madre, su pueblo, su perrita y su necesidad de entenderse. El Premio de Novela Fernando Lara 2022 no fue un galardón casual: fue una confirmación de que aún hay sitio para la literatura que no necesita artificios para conmover.


“Los silencios también tienen voz. Y a veces gritan más que las palabras.”

Adiós, pequeño es un libro para leer despacio, para pausar el audiolibro y respirar. Para volver atrás y subrayar. Para llorar un poco y sonreír después. Es una historia que, aunque no sea la tuya, te habla como si lo fuera. Porque todos, en algún momento, hemos querido decir adiós sin saber cómo. Y todos, en algún punto, seguimos siendo ese “pequeño” que busca el abrazo que no llegó.


¿Y si el dolor no fuera un enemigo, sino un espejo?

¿Te has preguntado alguna vez qué parte de tu infancia sigues repitiendo en tus relaciones? ¿O qué frases de tu madre sigues diciendo aunque juraste que nunca lo harías? Tal vez este libro no tenga todas las respuestas, pero tiene las preguntas justas. Las que duelen. Las que sanan. Las que, como decía aquel viejo bolero, “no se pueden callar”.

¿Y tú? ¿Te has atrevido ya a decir tu propio adiós, pequeño?

IMÁGENES EN UN CUENTO: SUEÑO, de Kat Menschik

Las imágenes en un cuento, pueden ser tan importantes como el cuento en si. Esto es lo que pasa con «Sueño», de Haruki Murakami. Ilustraciones de Kat Menschik.

LAS IMÁGENES DE SUEÑO.

Las imágenes. La vida es percibida por los seres humanos a través de ellas.  Los libros son también generadores de imágenes, ya sea porque las exponen directamente, o porque nos las sugieren. Expresamos sentimientos, pensamientos o ideas siempre a través de imágenes. 

Y de imágenes precisamente va SUEÑO, el primer volumen de cuentos del japonés Haruki Murakami. Libros del Zorro Rojo tiene la culpa, y las ilustraciones de Kat Menschik lo convierten en una joya que harías muy bien en tener en tu librería particular. Cada nuevo libro de Haruki Murakami despierta un enorme interés.

UNO DE LOS FAVORITOS DE PATTI SMITH

Que una grande como Patti Smith sea fan y devota de Murakami ya puede darnos una idea del «estrellato» del autor. Es el autor de «Kafka en la orilla» y también de «Tokio Blues». Vende muchos libros. Todos los años hay  un nuevo libro de Murakami. Sin embargo este primer libro ilustrado de Murakami no es de su tradicional editorial, Tusquets, sino de Libros del Zorro Rojo. Esta casa está especializada en volúmenes ilustrados, como los de Edward Gorey o Robert Crumb. 

Además de este que nos ocupa, te recomendaría de Murakami «La caza del carnero salvaje». Y es que en la obra de Murakami, los dibujos parecen haber salido de un sueño. Menschik hizo las ilustraciones de Sueño por encargo de los editores, y porque conocía la obra del autor, se identifica con su forma de escribir. Cuando Haruki Murakami vio la portada llamó directamente al dibujante para felicitarle y, más tarde, cuando visitó Berlín, la invitó a comer.

LA HISTORIA DE UN AMA DE CASA QUE NO PUEDE DORMIR

Sueño es la historia de un ama de casa. Un buen día resulta que se da cuenta que no puede dormir. Se asusta pero entiende que se abre un mundo lleno de posibilidades. Y usa su tiempo para leer Anna Karenina mientras bebe cognac.

Tapa dura, dibujos azules y plateados, las ilustraciones de Menschik muestran los placeres secretos de la protagonista del cuento para su familia. Asocian la ausencia del sueño con la necesidad de aprovechar ese tiempo, creando un mundo acuático y sumergido en la vigilia. Los dibujos de Sueño son un sentimiento que anima al lector para que encuentre sus propios significados.

¿QUIERES SER ESCRITOR? PUES LÉETE ESTO

¿De verdad quieres ser escritor? Entonces tendrás que saber primero qué en verdad la literatura.

ALGUNOS CONSEJOS PARA SER ESCRITOR Y COSAS QUE HAS DE LEER.

Ser escritor no es fácil, y mucho menos aún poder vivir de ello. Aún así, es posible que sea tu ilusión, lo que más anhelas en este mundo y, ¿quien soy yo para quitarte la idea? Al contrario, voy a darte algunos consejos para que empieces a escribir como lo haría un auténtico escritor y, quien sabe si algún día no serás uno de los que venden miles y miles de ejemplares en Amazon.

Lo primero de todo y más importante es que hagas un buen Curso Literatura de, por ejemplo, los que organiza la UNIR, para que aprendas todo lo que un buen escritor ha de saber en cuanto a técnicas y muchas cosas más. Y después, léete al menos estos libros que a continuación te recomiendo. Son muchos, pero son imprescindibles:

  • Clases de Literatura: Berkeley, año 1980, de Julio Cortázar.
  • Qué hacemos con la literatura. Una obra de Julio Rodríguez Puértolas, David Becerra, Raquel Arias y Marta Sanz.
  • LITERATURA UNIVERSAL . TEMAS DE SELECTIVIDAD – COMENTARIOS RESUELTOS. Un libro de texto de Fernando Cañamares Leandro.
  • Todos los tomos de «La literatura griega cristiana».
  • Figuras retóricas en literatura, de Rocío Navarro Lacoba.
  • Teoría de la literatura de los formalistas rusos.
  • El coloquio de los perros. (Este es para que te hagas una idea de la genialidad de la literatura castellana)  de Miguel De Cervantes.
  • Las Mil Mejores Poesías de la Literatura Universal.
  • El profesor de literatura, una magnífica obra de Christian Vera
  • Nueva historia de la literatura hispanoamericana.
  • Literatura e Matemática, del genial Jorge Luis Borges.
  • La literatura explicada a los asnos: Un manual urgente para jóvenes y no tan jóvenes. La obra que más te recomiendo, que es de José Ángel Mañas.
  • Filosofía y literatura, de Pablo Javier Pérez López  y Varios Autores más.

Cuando hayas leído al menos tres o cuatro de estos que te aconsejo, sabrás a ciencia cierta que es la buena literatura. Te dejo, que tienes mucho para leer.

 

TRES LIBROS RECOMENDADOS PARA ESTE OTOÑO

El otoño es una época especial y la lectura parece como que nos apetece más. A mi me parece que hay lecturas y libros más indicados que otros que el otoño. Por eso voy a recomendarte tres que a mi, personalmente, me han gustado.

MANHATTAN CRAZY LOVE

El primero de ellos es «Manhattan crazy love«, de Cristina Prada. Este libro lo puedes encontrar disponible para descargarlo en iBooks para tu Mac y en otros dispositivos, o si lo prefieres, en formato físico en las librerías. Trata de Katie Conrad, una chica con muy mala suerte que se topa, en su nuevo trabajo con Donovan Brent, un hombre realmente odioso a la vez que atractivo. Parece que Donovan vive para torturarla. Katie le planta cara, pero las cosas no salen como ella quiere.

Él hace  del sexo algo increíble, loco y muy salvaje, y ella no sabe si es lo que quiere o no. ¿Cuentos de hadas? Manhattan Crazy Love es una historia de amor y sexo. Sí, ya se que es una de esas que se han puesto de moda tras el enorme éxito de las Grey, pero está bien, es entretenida, y en muchos aspectos supera a la mencionada.

Libros Gratis puedes encontrar también en webs como Megaepub. También los típicos «de bolsillo», que siempre han sido baratos y ahora más, y que nunca han sido tan fáciles de conseguir como ahora en forma online, en epub, etc.

LA TEMPLANZA

Voy con la segunda recomendación. Se trata de «La Templanza», de María Dueñas. Trata de un hombre, Mauro Larrea, que pierde toda su fortuna y ahogado por las deudas apuesta lo poco que le queda en una temeraria jugada.

Se le cruza en su camino la perturbadora Soledad Montalvo, que es la esposa de un marchante de vinos londinense, y le cambia la vida. Todo se desenvuelve entre México, la Habana colonial, las Antillas, el Jerez de la segunda mitad del XIX, y entre el comercio de vinos.

La Templanza es una novela de glorias y derrotas, minas de plata, intrigas familiares, viñas, bodegas y de el esplendor de las ciudades de aquella época. De la fuerza de una pasión. Uno de esos Libros Epub que puedes encontrar en los enlaces que te facilito.

EL MUNDO ILUMINADO

El siguiente es ‘El mundo iluminado’ de Ángeles Mastretta. Trata de los recuerdos que todos tenemos. Que nos acompañan a lo largo de la vida. ¿De nostalgias?  ‘El Mundo Iluminado’ es una recopilación de cuentos que parten de los recuerdos, enfocados en reconocer el arte. Cuentos que nos llevan a nuestros propios cuentos, que nos hacen recordar, volver a sentir, volver a oler, reencontrar colores, retroceder a los sentidos propios. Volver a vivir…

Tienes que leer ‘El Mundo Iluminado’. Son historias contadas por una mente repleta de recuerdos. Algunos casi desde el olvido. Todos desde el pasado más querido, más amado y más añorado. Leyendo ‘El Mundo Iluminado’, tendrás la certeza de que la felicidad existe, aunque ya no la esperes.

Y ya está, se acabó por hoy. Feliz fin de semana…

NOVELA – Los lugares secretos, de León Arsenal

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NOVELA – Los lugares secretos, de León Arsenal

Vas a disfrutar leyendo este libro. Los lugares secretos, de León Arsenal es una novela de suspense que te mantiene en tensión, hace que no decaiga la atención y realmente «engancha». Nos muestra un Madrid que está ahí pero que no solemos ver y nos impulsa a descubrir determinados lugares a fin de cerciorarnos de que si son como se describen en el libro. Con referencias históricas amenas y muy interesantes. Con rigor y con seriedad nos informa. Los personajes están bien descritos y son creíbles.

Con un final no previsible, este primer acercamiento a León Arsenal me ha gustado. No te dejes engañar por el principio, que parece un tanto frío, enseguida te engancha. Un recorrido por monumentos, palacetes,  gárgolas, mansiones de aquel Madrid de los austrias. Un trhiller al estilo Hammett, sin comicidades. Personajes sin escrúpulos que quieren mantener su poder a toda costa. Y una joven periodista que busca  una explicación a la desaparición de sus amigos.

Premio literario Amazon 2025

¿Por qué todos hablan de El despertar de la libélula? La novela romántica que incendia la calma del alma

Empecemos por lo más obvio: El despertar de la libélula no es un simple libro. Es un temblor suave, casi imperceptible al principio, que termina desmoronando las certezas del lector más templado. Desde la primera página, Elsa Jenner desafía a quien se atreva a cruzar su umbral narrativo, rompiendo incluso su propia tradición, esa que había seguido con disciplina en todas sus obras anteriores. Aquí, en esta historia cargada de emoción y renuncia, las normas quedan pulverizadas y el resultado es tan inquietante como hermoso. 🌿

Hace tiempo que me topé con esa primera línea que ha hecho correr ríos de tinta y de emoción: “Todas mis novelas acaban con una nota de autora; en este caso, la incluyo al inicio porque, al final de esta, no habrá nada más que añadir. Serás tú, querido lector, quien extraiga sus propias interpretaciones.” Esa frase no solo abría la puerta a la novela, sino que la desnudaba por completo. Y ahí, justo ahí, se inicia un viaje insólito, un acto de despojo literario tan puro como brutal.

Jenner no escribió pensando en nadie. Lo dice sin tapujos. Lo repite casi como una mantra: “Con este proyecto no espero nada. Porque no lo he escrito pensando en nadie.” Y, paradójicamente, esa indiferencia hacia el mercado o las expectativas externas es lo que ha convertido esta obra en una joya inesperada, en una de esas raras veces en que la literatura se siente libre, casi salvaje, indómita. Lo más curioso es que esa honestidad brutal ha sido premiada: El despertar de la libélula está en boca de todos y ha logrado colarse en listas de prestigio, incluso llegando a sonar en el ecosistema del Premio literario Amazon 2025. Qué ironía tan perfecta.

Pero también hay algo más. Algo que vibra bajo la superficie perfecta del texto. Porque esta novela no es solo más audaz, más valiente, más… digamos, humana que las anteriores. Es también más incómoda. Jenner se atrevió aquí a incomodar y lo hizo desde un lugar íntimo, casi doloroso. No hay moralejas ni lecciones masticadas. Solo fragmentos de vida, como esos cristales rotos en la playa que, a pesar de todo, siguen brillando.

Entre bicicletas y heridas abiertas

La historia transcurre en dos planos: pasado y presente. Es una estructura conocida, sí, pero Jenner consigue que lo familiar se sienta nuevo. En un lado, una adolescente vive un verano infinito, lleno de bicicletas al atardecer, cartas nunca enviadas y piel dorada por el sol. En el otro, años después, una mujer adulta atraviesa el espesor de un matrimonio en pausa y un deseo que se le ha enquistado como una espina. Dos voces que, en realidad, son una sola herida latiendo a diferentes ritmos.

¿Por qué todos hablan de El despertar de la libélula? La novela romántica que incendia la calma del alma
¿Por qué todos hablan de El despertar de la libélula? La novela romántica que incendia la calma del alma

Ahí reside uno de los mayores aciertos de esta obra: la forma en que la autora teje la ingenuidad con el cansancio, la ilusión con el escepticismo. Elsa Jenner, con su prosa fluida y certera, logra algo que muy pocos consiguen: hablar de lo cotidiano con tal precisión que lo convierte en algo casi sagrado. La nostalgia está ahí, claro. Pero bajo ese barniz melancólico se esconde un mapa emocional tan complejo como silencioso.

“Es una novela de amor, pero también de desamor, de deseo, de renuncia. Es la historia de quiénes fuimos cuando amamos por primera vez y de quiénes somos cuando ese amor nos encuentra de nuevo, rotos y reconstruidos.”

El amor como pregunta, nunca como respuesta

Hay un momento en el que la autora, en la nota de inicio suelta una frase demoledora: “He sentido que he dejado de ser yo y, al mismo tiempo, he sido más yo que nunca. ¿Tiene esto algún sentido?”. Y ahí está todo. Esa paradoja tan humana, esa sensación de perderse para encontrarse, de morir un poco para renacer con otra piel. La novela, como su título anticipa, es una metamorfosis en estado puro. Un viaje donde nadie sale indemne, pero todos salen transformados.

La comparación con una libélula no es gratuita. Este insecto, símbolo ancestral de cambio y autoconocimiento, es el hilo invisible que cose cada página. La protagonista no se reconstruye para volver a ser la de antes. No. Ella muda, se desprende, se convierte en otra. Una lección tan cruda como necesaria en un mundo que nos empuja constantemente a “ser mejores versiones” de lo mismo de siempre.

Y sí, El despertar de la libélula es una novela romántica, pero decir solo eso sería quedarse en la superficie. Aquí no hay héroes que rescatan ni finales garantizados. Hay amor, claro. Pero también hay dudas, deseo, traición y, sobre todo, una búsqueda desesperada de libertad. Es un libro que provoca porque se atreve a decir que el amor no siempre salva y que, a veces, lo más valiente es soltar.

Una voz que se arriesga a todo

Resulta curioso que Jenner haya decidido colocar su nota de autora al principio. Es un gesto simbólico, casi un acto de renuncia. Como si dijera: “Aquí tienes mi voz. Haz con ella lo que quieras.” Es una voz sin filtros, sin adornos. Una voz que se permite ser vulnerable y también brutal. Y esa voz ha sido la clave de su éxito inesperado. Porque aunque la autora no buscaba nada, lo encontró todo: lectores que han abrazado esta historia como si fuera un espejo de sus propias grietas.

Al final, lo que nos deja esta novela es un silencio cargado de posibilidades. Jenner no firma desde el final porque sabe que las historias de verdad nunca terminan. Y ahí estamos nosotros, los lectores, con el eco de sus palabras resonando en la cabeza, preguntándonos qué hacer ahora con ese vacío.

“No todas las historias necesitan un final feliz. Algunas solo necesitan ser contadas.”

La libélula y el espejo

A veces me pregunto qué es lo que hace que un libro se quede a vivir dentro de uno. No son las grandes frases ni los giros espectaculares. Es ese algo indefinible, esa sensación de haber sido tocado en un lugar donde no sabías que aún dolía. El despertar de la libélula logra eso. No lo explica todo porque sabe que la literatura no está para explicarlo todo. Está para acompañarte en el desconcierto. Para mirarte a los ojos y decirte: “No estás solo en esto.”

Y tal vez, solo tal vez, por eso este libro ha conseguido no solo emocionar, sino también ganar terreno en un panorama literario saturado. Porque en un mundo lleno de ruido, a veces lo que más necesitamos es un susurro.

El despertar de la libélula no es una novela para entender. Es una novela para sentir. Y a veces, esa es la única manera de despertar.

¿Te atreves tú también a cruzar ese umbral?

Las historias divertidas y entrañables ayudan a los jóvenes con su bienestar mental

 

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 20% de los niños y adolescentes a nivel mundial experimentan problemas de salud mental, como ansiedad, depresión y baja autoestima. Frente a estos desafíos, la lectura de novelas que presenten personajes entrañables y situaciones cómicas puede ser un recurso accesible y efectivo para ayudarles a gestionar sus emociones.

De hecho, un estudio reciente de la Reading Agency en el Reino Unido reveló que el 58% de los jóvenes que leen regularmente experimentan una mejora en su bienestar mental. Las historias que les permiten identificarse con personajes reales, pero llenos de humor y optimismo, son especialmente efectivas para generar un cambio positivo en su autoestima y su capacidad para manejar la tristeza o el desánimo.

Las novelas de Mercedes R. Cervantes, autora valenciana especializada en ficción juvenil y adulta, han demostrado ser una fuente de motivación y empoderamiento para miles de lectores, brindando no solo entretenimiento, sino también valiosas lecciones sobre cómo afrontar la vida con resiliencia y humor.

«La risa tiene un poder transformador y cuando se combina con situaciones de la vida real, se convierte en una forma de ver las dificultades desde otra perspectiva. Me siento afortunada de que mis libros hayan podido ofrecer algo de alivio y, sobre todo, esperanza a quienes más lo necesitan», afirma Cervantes.

A través de títulos como «Vida, amor, sueños y algo más» (2016 Ed. Sargantana) y «El impacto me cambió la vida» (2023 Nº1 Amazon), Cervantes ha logrado conectar con una audiencia que busca en la literatura más que una simple evasión: buscan historias que les ayuden a entender mejor sus propios desafíos y les ofrezcan herramientas para enfrentarlos.

Las novelas de Cervantes ofrecen a sus lectores personajes auténticos que, al igual que ellos, cometen errores, se enfrentan a la adversidad, pero siempre encuentran el valor para seguir adelante.

«Escribo con la intención de ofrecer a mis lectores una ventana de esperanza y fuerza. Mis personajes atraviesan situaciones complicadas, pero siempre encuentran una manera de salir adelante, y ese es el mensaje que quiero transmitir: todos tenemos la capacidad de superar los obstáculos que la vida nos presenta», concluye la autora.

Sobre Mercedes R. Cervantes

Mercedes R. Cervantes es autora de ficción juvenil y adulta, con títulos que han tocado a miles de lectores gracias a su combinación única de humor y drama. Sus novelas, “Vida, amor, sueños y algo más” (2016, Ed. Sargantana) que ha llegado a la 5ª edición y «El impacto me cambió la vida», que llegó a ser n.º 1 en Amazon, reflejan su pasión por contar historias que no solo hacen reír, sino que también ayudan a mejorar el bienestar emocional de sus lectores.

 

JAULA DE NEÓN: el laberinto futurista que nadie puede abandonar

¿Quién encendió la furia en la JAULA DE NEÓN. El laberinto futurista que nadie puede abandonar

JAULA DE NEÓN suena como un susurro eléctrico en mitad de la noche, como un faro retorcido que atrae no a los barcos, sino a las almas rotas. 🌃 Cuando escuché por primera vez ese nombre, sentí una punzada extraña en el estómago, como si alguien hubiese abierto una puerta prohibida en mi imaginación.

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Hace tiempo, cuando el mundo todavía parecía tener reglas claras, alguien me dijo que en las ciudades brillantes siempre acecha la sombra más densa. Y ahora lo sé: JAULA DE NEÓN no es solo una historia, es una advertencia disfrazada de thriller y ciencia ficción.

El corazón de esta jaula no late; zumba como un transformador desquiciado. Atlas, esa ciudad futurista de la que todo el mundo quiere escapar, pero que nadie logra abandonar, es el escenario donde X, nuestro protagonista expulsado y traicionado, intenta recuperar algo más valioso que su vida: su dignidad.

Pero también, ¿qué es la dignidad en un lugar donde la lealtad se alquila por horas y la traición se paga con ríos de sangre? «Atlas no es una ciudad, es un cuchillo brillante que nadie se atreve a soltar.»

Entrar en JAULA DE NEÓN es aceptar que la verdad importa menos que la supervivencia. Que los aliados más improbables pueden ser los carceleros más crueles. X, en su carrera contra el tiempo y contra sí mismo, no solo debe resolver un misterio que sacude los cimientos de la metrópolis; debe, sobre todo, despojarse de las últimas migajas de fe que le quedan.

Cuando se te arranca todo aquello en lo que creías, ¿qué queda? ¿Músculo, instinto, o simplemente rabia?

La ciudad de Atlas un personaje más en JAULA DE NEÓN

Atlas no es un simple telón de fondo. Es un personaje vivo, palpitante, que respira óxido y exhala luces parpadeantes. Cada esquina podría ser una trampa, cada mirada podría esconder un puñal. Como bien explica el propio Kian Noren en su manera de construir mundos, Atlas está más cerca de un depredador que de un hogar.

Me recuerda a aquellos viejos refranes: «Quien duerme con lobos, aprende a aullar.» Y vaya si X va a aprender.

La ambientación es puro ciberpunk, pero también, como los grandes clásicos del género, está cargada de esa tristeza hermosa que tienen las cosas condenadas. No hay utopías aquí. No hay redenciones fáciles. Solo calles mojadas, luces sucias y un futuro que es más una amenaza que una promesa.

El alma de la historia en JAULA DE NEÓN

¿Sabes qué me atrapó de JAULA DE NEÓN? No fue solo la acción trepidante, ni siquiera el misterio que se despliega como un abanico siniestro. Fue X. Fue ese tipo que, pese a estar roto en mil pedazos, aún se empeña en juntar las piezas, aunque se corte las manos en el proceso.

«La esperanza es un cuchillo que siempre corta al que lo empuña.» Esa es una frase que bien podría haber salido de los labios de X, mientras persigue verdades en una ciudad que se especializa en fabricar mentiras.

Cada decisión que toma lo acerca a su salvación, sí, pero también lo deforma. Cada paso que da es un paso más lejos del hombre que solía ser. La paradoja es deliciosa: para recuperar su vida, debe volverse alguien irreconocible.

Kian Noren el arquitecto de la jaula

Kian Noren no escribe para acariciarte el alma. Escribe para agitarla, para sacudirla como un árbol en medio de la tormenta. No habla de sí mismo en tercera persona, porque sabe que el artificio solo entorpece la conexión real entre autor y lector.

Cuando leí sus palabras directas —»Me gano la vida escribiendo novelas que hagan explotar tu cabeza»— supe que JAULA DE NEÓN no iba a ser una historia más. Y no lo es.

Noren se mueve con la misma soltura que un funambulista ciego, construyendo escenas que se sienten como latigazos, diálogos que chisporrotean y personajes que sangran verdad.

Y todo eso sin perder nunca de vista que la literatura, al final, debería ser una especie de magia. Una magia peligrosa, sí. Una que, como Atlas, te engulle antes de que puedas parpadear.

«La verdad espera. Solo la mentira tiene prisa.» (Proverbio tradicional)

El precio de la supervivencia en JAULA DE NEÓN

Volvamos a la pregunta esencial: ¿cuánto estás dispuesto a traicionar para seguir respirando? X tiene que enfrentarse a este dilema una y otra vez, hasta que sus respuestas dejan de parecer humanas.

El crimen y la mafia en Atlas no son aberraciones: son la norma. Aquí, el amor es una transacción, la amistad una apuesta suicida. La fuerza bruta manda, pero también, la astucia del desesperado.

En cada rincón de JAULA DE NEÓN late la amenaza silenciosa de convertirse en parte del engranaje que juraste destruir.

«En Atlas, el precio de un error no es la muerte. Es la pérdida del alma.»

¿Te atreves a entrar en la JAULA DE NEÓN?

Tal vez ahora mismo pienses que tú no caerías. Que tú conservarías tu integridad. Que tú encontrarías una salida digna.

Sí, claro.

Eso mismo pensaron todos los que ahora decoran las esquinas mugrientas de Atlas, convertidos en grafitis olvidados o en susurros apagados. X sabe que la ciudad no olvida ni perdona. Solo espera el momento adecuado para cobrarse lo que cree suyo.

Y la gran ironía es esta: cuanto más luchas contra Atlas, más te conviertes en uno de sus hijos bastardos.

¿Podrías tú resistirlo?

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